lunes, 13 de julio de 2009

Operación M

Parece que mi carrera como experto en seguridad está llegando a su fin, no es por falta de trabajo, en estos tiempos hay hasta de sobra; lo que pasa es que me estoy cansando de esos ricos excéntricos, cada vez piden cosas más raras.

Hace casi un año me contactaron para un proyecto, me citaron en un lugar público. Sin darme mayores detalles sobre la identidad del cliente, y firmado el acuerdo de confidencialidad, dijeron que la idea era recoger al único pasajero de un jet privado; el hombre llegaría las 5:00 a.m., en fecha que me revelarían después, al hangar de la fuerza aérea; ahí debería ser recibido por el grupo de choque, unos tipos entrenados para repeler cualquier ataque, ellos lo escoltarían hacia la casa que se tenía que habilitar para hospedarlo. Mi trabajo consistiría en coordinar todo, incluso acondicionar la mansión para que el cliente se sintiera cómodo y seguro.

Desde ese día he estado instalando el equipo de seguridad: cámaras, micrófonos, sensores de movimiento, detectores de metales, lo usual; eso sí, todo de alta tecnología. La cosa empezó a complicarse cuando requirieron que me hiciera cargo de comprar muebles y todo lo demás para hacer confortable el lugar. Hice mal gesto y a punto estuve de mencionar que no soy diseñador, pero la cifra en el cheque que extendieron como anticipo era para convencer a cualquiera; además en este trabajo no se hacen preguntas.

La casa está ubicada en el centro de un bosque de veinte manzanas, es enorme, pero se ve pequeña en la inmensidad del terreno; tiene gimnasio, sala de estar, invernadero, casa de huéspedes y un ambiente grande en donde será instalada una clínica. Lo sé porque en la lista de cosas que debo comprar aparece gran cantidad de equipo médico y hospitalario; que servirá también para colocar en todos los dormitorios.

Fuera del disgusto que me causó tener que comprar el mobiliario (aunque al final no fue tan pesado, porque siempre tuve a la disposición el jet, pues hubo que comprar todo en el extranjero), y la compra de provisiones para alimentar a un batallón durante al menos dos años, pensé que las excentricidades eran pocas; sin embargo, cuando ya todo el equipo médico estaba instalado, llegó un pedido especial, una cosa rara, hecha de vidrio transparente, parece una bóveda o un ataúd, al que conectaron los tubos que salían de la pared, tiene un temporizador que lo sella herméticamente.

Finalmente, cuando todo estuvo listo, y mi trabajo había concluido, llevaron a un chef y a una señora que será el ama de llaves; revisaron las provisiones que compré, hicieron un gesto afirmativo con la cabeza, luego se instalaron en la casa de huéspedes.

Se supone que voy a ser el jefe de seguridad y que debo vivir también en la casa de huéspedes; aún no me decido, me gusta ser independiente, pero es mucho dinero, así que hay que considerarlo.

La gente que me contactó está feliz con mis servicios, hace poco atendí a una rubia famosa, cantante ella; vino a ver a unos niños huérfanos que quería adoptar; le enseñaron como media docena, al parecer no le gustaron, porque estuvo un par de días y se fue; es que tuvieron el mal tino de llevarle niños de piel blanca y ella dijo que los prefería de piel oscura

Desde ayer no hay nada que hacer, me la he pasado viendo televisión, pero con el sistema satelital que se instaló sólo se ven los canales estadounidenses, que no han parado de transmitir la noticia de la muerte de Michael Jackson; a mí nunca me gustó la música de ese chavo, además me cae mal y no lo soporto por renegado; así que mejor apagué la tele; entonces empecé a aburrirme; unas horas habían pasado cuando sonó mi celular: el cliente llega mañana.

Al otro día el itinerario se cumplió sin fallas, mi equipo recibió al pasajero, yo los esperé en la mansión.

Cuando llegaron pasaron de una vez hacia el dormitorio principal, me levanté rápido; sólo alcancé a ver la silueta de una figura esbelta, de pelo lacio, nariz recta, pómulos saltones y hoyuelo en la barbilla, que se metía al ataúd de cristal.

Recordé las noticias del día anterior, me restregué los ojos, moví la cabeza en señal negativa. No puede ser, a ese cerote si que no lo soporto, dije en voz alta; como todos estaban terminando de acomodarlo, aproveché para dar la vuelta y me fui. Que se busquen otro jefe de seguridad, esto ya es el colmo, pensé mientras me alejaba.

Daniel Oceano

7 comentarios:

alfaro dijo...

Qué bueno
y, además, divertido.

Alejandro Ramírez dijo...

Muy bueno, Johan. La narración me gustó mucho y la historia está estupenda.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Que cuento mas paaajero! hahaha pero muy bueno..
en serio, me gustó un montón...
Además, el titulo "operación M" presta la M a la doble interpretación Mier***a hahaha

Anonimo 09

Parsimonia dijo...

Tanto contarnos sobre el pobre Michael, que pasará lo mismo que con Elvis, que muchos lo creerán todavía vivo.
Desde luego, si sigue la evolución progresiva de deformación facial, en unos años será un monstruo, más que un fantasma.
Besos.

Johan Bush Walls dijo...

Alfaro: Pues que bueno verte por acá y que bien que te haya gustado.

Alejandro: Gracias maestro, siempre estamos leyéndonos, no deje de pasar.

Anónimo09: Interesante su interpretación del título maestro, juro que no era mi intención el doble sentido.

Parsimonia: Las leyendas urbanas sobre el Michael están a la orden del día; pero la historia que yo cuento es real, pajera, pero real.

Salú pue.

Silvia dijo...

Puede más la simpatía (o antipatía) por el cliente, que todo el dinero que le pueda pagar. jajajaja.
¡Muy bueno!

Johan Bush Walls dijo...

Silvia: El dinero mueve montañas, y otras cositas por ahí.

Salú pue.