lunes 30 de enero de 2012

Fuiste tú

Luego de veinte años de no tener contacto quisimos encontrarnos. Ella fue mi ilusión, pero era prohibida. Estuvo en mi cama solo unas horas, nunca lo conté a nadie. Ahora ambos estamos en proceso de divorcio, los dos con casos complicados; pero teníamos ganas de vernos sin que supusiera problemas, por eso escogimos el rincón más apartado del mundo para estar juntos de nuevo.

Manejé durante casi tres horas en el camino de terracería que conduce a Champey. Ella tenía que manejar un poco menos. Estaba ansioso y la imaginé ansiosa. Aquel lugar alejado del mundo parecía el más adecuado para poner fin a tan prolongada ausencia. Semuc Champey es uno de los paraísos naturales que tiene este país, su entorno agregaría romanticismo a nuestro encuentro.

Faltaba poco para llegar al hotel de nuestra cita, solo había que cruzar un puente, pero no pude. La entrada estaba bloqueada, cientos de vehículos la tenían convertida en parqueo. Conductores y pasajeros se bajaron y consiguieron crear un tumulto. Había cámaras que filmaban a un tipo alto, quien cruzaba de un lado a otro fingiendo naturalidad.

Esperé unos minutos y aquello no mejoraba. Mi celular no tenía señal. No podía pasar y la intuición me decía que ella estaba del otro lado.

Me desvié hacia el pueblo más cercano a buscar un teléfono. Fue imposible, todos los negocios estaban cerrados, aquello parecía un lugar fantasma, todos se habían movilizado hacia el puente. Nervioso y enojado, decidí volver al sitio del tumulto, de alguna manera tenía que cruzar.

La situación estaba peor, cada momento llegaba más gente. Entre el murmullo logré escuchar de qué iba el asunto. Ricardo Arjona estaba grabando un video.

Sabía que ella estaba del otro lado, pero no tenía cómo avisarle que yo estaba ahí; quería gritar que me esperara, que la filmación del bendito video no podría durar mucho tiempo.

Varias horas después, finalmente, pude cruzar y llegar al hotel. Arjona firmaba autógrafos y fingía la sonrisa. Yo tenía ganas de gritarle mil maldiciones.

Llegué al hotel y ella no estaba. Pedí que me prestaran el teléfono, la llamé de forma insistente y no respondió. Esperé y volví a llamar, y vuelta a esperar; no dio señales de vida.

Un helicóptero vino para llevarse al cantante. Poco a poco el sitio se fue quedando vacío y ella no apareció.

Resignado volví al carro, caminando sobre el puente. Me detuve a la mitad, saqué de la cartera la foto que me había enviado, la vi por última vez, la hice pedacitos y los lancé al río.

Puse el motor en marcha, el radio se encendió y sonó la canción que Arjona grabó con Gaby Moreno. El orgullo que sentía por el compatriota se convirtió en odio. Cómo se le pudo ocurrir filmar el puto video precisamente hoy.

Chepito De La Discordia

lunes 16 de enero de 2012

Despecho

Sabía que era la última vez, para mí no había perdón. Si tan solo sus ojos no me hubieran visto. No hubo palabras, lanzó una última mirada y se alejó. Apenas tuve tiempo para darle el regalo de despedida, sé que le gustan las aves. En la jaula iba un cuervo con piel de canario.

Vicky de Poc

jueves 17 de noviembre de 2011

#UnHate


Terminada la conferencia por la paz mundial decidimos ir a comer todos juntos. Escogimos un lugar apartado, pero de lujo. Buena comida, excelentes bebidas, y otros complementos que no deben faltar en una reunión que se respete.

No era la primera vez que coincidíamos, y no era la primera vez que una simple cena se convertía en algo más divertido.

Al finalizar la comida nos olvidamos del protocolo y empezamos la fiesta. No hubo más títulos nobiliarios, religiosos, ni políticos; cada quien escogió pareja y agarramos parejo.

La euforia dio paso al desenfreno. Para cuando nos dimos cuenta de los flashazos era tarde, el paparazzi había tomado distancia y fue imposible alcanzarlo.

La fiesta terminó y la noche cayó en el olvido. Fue solo ahora que la famosa marca italiana de ropa inició la campaña publicitaria que todos recordamos. “Ratzi” fue el más indignado, pero todos sabemos que estuvo ahí. A los demás nos ha parecido divertido, total, ¿quién puede creer que aquello sucedió?

Benitto Colores

jueves 28 de julio de 2011

Cuando mi hermana apague la luz

El día se ha convertido en eterno tormento, Ana María, levántate que se hace tarde para el colegio, dice mamá. Ana María, recuerda llevar tu almuerzo, grita papá. Ana María, no olvides entregarle la nota a tu amiga, me susurra al oído mi hermano. Ana María, no te pongas mi ropa, reclama mi hermana, al tiempo que hace una señal de amenaza.

En el colegio es igual: la maestra, los compañeros, todos quieren enseñarme cómo debo andar por la vida.

La noche es mi refugio, aunque tarde en llegar la oscuridad, por eso deseo no ser la menor, no tener que compartir cuarto.

Por ahora debo conformarme con empezar a vivir, cuando mi hermana apague la luz.

 Bella Durmiente

martes 12 de julio de 2011

Cita

Se sentó en el avión, el dolor en la ingle le quemaba. Hacia adentro solo hay podredumbre, repitieron los dos o trescientos médicos consultados en los últimos meses; nada por hacer, que las cosas sigan su curso.

Al principio lo ocultó, luego le contó a los más íntimos; no quería su lástima, ni verles la cara larga. "Dios Sabe lo que hace", le dijo el sacerdote con quien hablaba los fines de semana. No esperaba milagros, esperaba la muerte.

Se puso las gafas, para intentar leer; era complicado, por su escasa visión, pero recién había comprado un lector electrónico y podía hacer la letra tan grande como quisiera. Llevaba algunas cosas que descargó de internet, en ese momento era el turno de una revista en inglés.

El corazón se le aceleró y empezó a transpirar. Se limpió el sudor con el antebrazo y suspiró. En una epifanía, la revista le mostraba la solución a sus problemas.

El avión descendió sobre techos de lámina y casas de cartón, la lluvia caía a torrentes. La vista al aterrizar era igual. Latinoamérica completa cabe en la misma esquina, que puede ser en Managua, el DF, Caracas o Guatemala, pensó.

Prepararlo todo fue fácil. Hizo su presentación, dijo los mensajes de siempre, la gente se emocionó, igual que en París, igual que en Chile, igual que aquí, luego se despidió.

Subió al carro, preguntó si todo estaba listo, “ellos esperan”, dijo, sin explicar nada. Se acomodó las gafas, llevaba el lector electrónico en la mano; pero no iba a leer, la madrugada estaba oscura y vacía.

El bombero que recogió el cuerpo no se fijó en el lector electrónico, en la pantalla se podía leer: The New Yorker, A Murder Foretold.

Danilo Brownie

jueves 16 de diciembre de 2010

The Twelve Days of Christmas

La carretera que lleva a su casa está llena de tierra y de baches. Suele quejarse de las autoridades, que no hacen nada para arreglarla y por culpa de ellos la suciedad llena su vehículo; pero luego piensa que si hubiera asfalto no habría plantas y animales, todo sería gris.
Del campo de girasoles, atrás de su casa, salen volando dos aves que se posan sobre una verja, se hacen arrumacos y vuelan juntas.

Son dos tortolitas, dos palomas silvestres de cola festoneada; las mira y de pronto se sorprende a sí misma cantando: Two turtle doves, And a partridge in a pear tree..., y sonríe, mientras recuerda a un tenor obeso, quien intentando meter aire a los pulmones, cantaba, el día 10, de un mes cualquiera, hace unos años, en un acto de navidad de la escuela.

Es la canción de navidad que más le gusta, porque no es religiosa, porque habla de cosas bonitas, que no hay en todo el mundo; porque le recuerda su casa, sus amigos; y porque no la han traducido a este idioma ajeno. Ya le arrebataron su: Deck the Halls, lo cambiaron por: Alegría por doquier, que no dice nada, que no significa lo mismo.

Hoy es 13 de diciembre, faltan doce días para navidad. Un chorro de lágrimas amenaza con salir de sus ojos. Recuerdos de navidades felices, de cantos navideños en un idioma que ya no es el suyo; de nieve que cae, dulce como flores, sobre sus manos enguantadas.

El sol la quema, abusivo; siente la tierra que se cuela por el vidrio, la falta de civilización se vuelve importante y solloza. Se queda estática, no se baja del carro, a pesar de sentirse asfixiada por el calor del trópico; afuera hará unos veinticinco grados, demasiado caliente, no parece navidad.

Las tórtolitas regresan, saca la cámara y toma una foto, y otra, y otra. Imagina las doce fotos en su perfil de Facebook, todos sus amigos comentarán y se reirán de su navidad tropical. Tiene las tórtolas, pero no encontrará la perdiz sobre un árbol de peras; tampoco hay jóvenes rubias ordeñando leche, ni jóvenes lords dando brinquitos, ni siquiera los cinco anillos de oro, o las aves graznando, o las gallinitas francesas del libro ilustrado que su madre le leía cuando faltaban doce días para navidad.

Entra a la casa, encuentra sobre la mesa las campanas de barro y los ángeles de tusa que él ha comprado. El olor del pino y la manzanilla es distinto al de pie de manzana, al de la cidra. No está en casa, pero esta tendrá que ser su casa.

Mery Crismas

jueves 2 de diciembre de 2010

Electricista

Listo Don Pablo, ya está instalada la lámpara del estudio. Don Pablo, el corto circuito fue arreglado, espero que no le de más problemas. Aquí le hace falta un interruptor, con mucho gusto lo pongo, hoy mismo quedará funcionando. La alarma ya está instalada, es la última tecnología, nadie podrá entrar a robarle Don Pablo.

Durante tres años el electricista trabajó diligentemente, Don Pablo siempre quedaba feliz con el trabajo que realizaba; eres un artista y no cobras tan caro, le decía; por eso era muy generoso al momento de pagarle.

El electricista era un tipo humilde y nunca quiso gastar lo que Don Pablo le pagó durante esos tres años; hasta que llegó a los setenta de edad, se sabe que en la vejez algunas cosas se antojan.

Ahora, cuarenta años después de haber trabajado para el famoso pintor, reclama certificados de autenticidad, dice que todo fue un regalo, que si no tienen la firma es porque no quiso importunar al artista, pero que las doscientas setenta y una obras que posee salieron de la mismísima mano de Pablo Picasso.

Hilario Guardadito

jueves 9 de septiembre de 2010

Salmos pajeros VII

XX
No sean tomadas a mal mis palabras

es solo que algunas veces las cosas parecen tener doble sentido

Como cuando digo:

Inclínate ante mí

me pondré como roca

Saca lo que tengo escondido

es lo más parecido a mi espíritu

en tus manos lo encomiendo

Te gozaré y me alegraré

Porque has conocido mi aflicción

Entonces haré resplandecer tu rostro

enmudecerán tus labios

que sostienen cosas duras

Cuán grande eres

Podrás decir después


XXI
Unos vendrán y asaltarán la camioneta

otros tocarán la ventana del carro

sin bajarse de la moto

se llevarán tu cartera y tu celular (en el mejor de los casos)

Rendidos quedarán los extorsionadores

dormirán cansados

pero se levantarán con más fuerzas

Matará al malo la maldad

De seguro lo hará más fuerte

Muchas son las aflicciones del justo

pero de todas ellas las librará Jehová


El tono irónico es evidente, ¿o no?


XXII
Nada sano hay en mi carne

mis huesos se quiebran con facilidad

mi lomo está lleno de ardor (no de envidia)

estoy encorvado y molido

casi deforme

las mujeres no voltean a verme

A punto estoy de caer

que nadie se alegre de mí

Sé que vendrá el día en el que habré de levantarme

pero no será hoy

Así de mal me sientan las borracheras

Jonás Ungido

miércoles 25 de agosto de 2010

Los niños de Caracas —13— Y final.

Tocamos la puerta varias veces, pero nadie salía, fueron más de cinco minutos los que esperamos; en ese lapso aproveché para tratar de unir las piezas del rompecabezas. Lo que menos me hacía click era la bisexualidad de Watson, mi Watson; no era que tuviera algún prejuicio en contra de ver o imaginar a dos mujeres juntas, desnudas en la cama; por el contrario, solo pensarlo era excitante, lo que me molestaba era que no me di cuenta; claro que tal cosa no hubiera ayudado a resolver el caso, pero habría hecho realidad una vieja fantasía.

Finalmente abrieron la puerta, la misma viejecita de la vez anterior, no habló, pero hizo una señal para que la siguiéramos, y nos fuimos detrás de ella. La gran rana de piedra seguía en el jardín, pero ya no habían niños jugando, y el silencio era sobrecogedor.

Nos hizo esperar en la misma sala, ella solo dijo:

—Ahora vuelvo con su mascota.

El gato resultó más hermoso de lo que Watson pensaba, según sus palabras, era idéntico al anterior; además, parecía recordarla perfectamente, porque al nada más verla saltó hacia sus piernas.

Observando al gato estábamos cuando apareció el doctor.

—¿Qué le parece? —Dijo.

—Es impresionante. —Respondió Watson.

—¿Así que ustedes clonan mascotas? —Inquirí.

—Mascotas, y otros especímenes. —Dijo el doctor, de manera reveladora, al tiempo que acariciaba a un niño que lo acompañaba.

El gato era la prueba de que el fin último de aquel embrollo, que inició con el robo de los cabellos de Bolívar, era la clonación; aunque todo indicaba que el negocio tenía años de haber empezado. Lo raro era la apertura que el doctor tuvo con nosotros. Mi interpretación fue que, quizá, ya no quería seguir adelante con el experimento, porque el sentido original se estaba desvirtuando; así lo dio a entender cuando le preguntamos por los niños que vimos la primera vez que llegamos.

—Miren, por instrucciones de la persona que financió la investigación, los niños fueron enviados, uno a Colombia, otro a Venezuela, el tercero se quedó en Guatemala; y este jovencito, que me acompaña, va para Cuba la próxima semana. Nunca más lo haré de nuevo, porque creo que he sido engañado. —Agregó, al tiempo que ponía cara de decepción.

No dijo más, solamente cruzó unas palabras con el niño, su acento cubano era notorio.

La última noche en Casa Santo Domingo fue increíble, Watson volvió a ser mi Watson, pero me tenía reservada una sorpresa, se apareció acompañada de la turista alemana.

Por la mañana, durante el desayuno, les comenté lo que pensaba:

—Supongo que los cabellos fueron utilizados para fabricar los clones. Por supuesto, el que se va para Cuba es harina de otro costal; recuerden que los rumores de la muerte de Castro siempre han estado a la orden del día. Creo que Chávez encontró la forma de recrear el sueño de Bolívar, mucho mejor si lo hace utilizando al mismísimo Libertador.

Me quedé callado, ya no quise decir más, pero seguí escribiendo unas líneas en mi informe; al que minutos después le di send. Watson y la turista alemana jugueteaban en la cama, todavía en ropa de dormir.

Puse atención al periódico, varias noticias indicaban que la vida continuaba, igual. Una nota decía que Suo Yon, experto coreano, certificó que el agujero de la zona 2 fue ocasionado por la ruptura de la tubería que conduce el agua a los alrededores. Otra noticia mencionaba que varias cabezas humanas fueron esparcidas por toda la ciudad y que se creía que aquello era obra de la Mara Salva Ranas. Una distracción más, pensé; qué estarán tramando ahora, me pregunté.

Mi Blackberry hizo un ruido extraño, recordé que el sonido indicaba que tenía un email, era de Londres: Señor Tipo Largo, los cabellos aparecieron y están de nuevo en el museo. No dudamos que se deba a su intervención, por lo que agradecemos toda su ayuda. Gracias por el informe. Esperamos contar con sus servicios en una próxima oportunidad. La tarjeta de crédito que le enviamos, al inicio, ha sido desactivada. En su cuenta hemos depositado la cantidad convenida, más un bono adicional, ojalá sea de su agrado.

Suspiré aliviado, aunque no del todo, pues tenía la sensación de no haber hecho lo suficiente.

Cosas raras de este mundo moderno, pensé, clones en Colombia, Venezuela, Guatemala y Cuba. Parece que Bolívar volverá a cabalgar en América latina, y Castro seguirá vivo unos cuantos años más.

Fin.

Danilo Brownie

miércoles 18 de agosto de 2010

Los niños de Caracas —12—

Luego del terremoto en Haití, ese brutal sismo que dejó más de doscientos mil muertos, Chávez señaló que aquello había sido provocado por los pitiyanquis, así les dice él, de cariño, a los estadounidenses. Lo de Chávez raya en la esquizofrenia y la paranoia, no se le puede creer nada a un tipo que declara, ante un auditorio lleno y en transmisión directa de televisión satelital, que uno de sus sueños era nombrar a su hija María Bandera, así lo dijo en alguna oportunidad, también mencionó que no lo hizo porque su esposa amenazó con echarlo a la calle si lo hacía.

El caso es que las palabras del gringo seguían dando vueltas en mi cabeza, y unidas a las declaraciones de Chávez, la destrucción en Haití, en Chile, la seguidilla de terremotos y ahora los dos desastres, en una semana, en Guatemala: la arena volcánica que paralizó los vuelos; y el agujero de la zona 2, que parecía haber sido hecho con un laser; las piezas del rompecabezas comenzaban a tener sentido.

Era como de ciencia ficción, pero había alguna lógica en todo, lo que me preguntaba, y volvía al misterio inicial: ¿cómo se conecta la situación en Guatemala con los cabellos de Bolívar? Entonces pensé, Watson, mi Watson, ya me ha dado la respuesta.

Esta vez, el viaje hacia la capital fue menos tortuoso. Ya no llovía y la ceniza había sido limpiada, aunque todavía quedaban restos en algunas calles. Watson estaba distante, ya no era mi Watson; resultó ser bisexual y las últimas noches se las pasó encerrada en la habitación de una turista alemana, que conoció en el lobby del hotel, me lo contó todo sin rodeos; pero su presencia era importante, porque íbamos por el clon de su mascota.

Llegamos a la zona 2, alrededor del agujero ya no se arremolinaban los curiosos, lo más seguro es que todos se habían acostumbrado a su existencia y no le ponían más atención.

Mientras tocábamos la puerta del laboratorio, Watson dijo:

Estoy convencida de algo, los niños que vimos el otro día son clones de Bolívar, de seguro fueron hechos a partir de los cabellos robados, además Chávez está buscando más ADN del libertador, por eso desenterró sus restos hace poco.

Sus palabras confirmaron lo que yo supuse con anterioridad, aquello tenía lógica, la pregunta que surgió fue: ¿Qué van a hacer con ellos?

Continuará
Dentro de poco el gran final, o el final, a secas.

Danilo Brownie

jueves 12 de agosto de 2010

Los niños de Caracas —11—

El gringo jaló una silla y se sentó. Vestía una gabardina, como las que usan los detectives en las viejas películas de detectives. Se aclaró la garganta y antes de hablar se metió la mano a la bolsa interior del impermeable, como buscando algo, luego dijo, en perfecto español.

—Cariño, creo que necesitas algo más fuerte que el té.

De su chaqueta, sacó uno esos frasquitos de metal y vertió un poco en el té de ambos, y un poco más en su vaso. Después inició un raro monólogo.

—Estoy harto de la lluvia, de la ceniza, de los derrumbes en las carreteras, de los agujeros que se abren de forma espontánea. Ya se sabe cuál es la causa, obtenemos pruebas todo el tiempo, lo informamos a nuestros superiores, pero ellos solo mueven la cabeza, sin decir nada, y nos mandan a otra misión. Estos paisitos son pintorescos, pero un mes consecutivo aquí ya es insoportable. Fucking rain, fucking country, si tan solo escucharan lo que se dice, sus presidentes deberían hacerle caso a Chávez, quizá así harían que detuvieran, de una vez por todas, esos experimentos HAARP.

Entre trago y trago, estuvo hablando como media hora, sin permitir que le dijéramos algo; mi Watson se había quedado dormida, yo estaba cansado, sin ganas de interrumpir al gringo, por lo que habló sin parar. Pensé que solo era un fulano paranoide, porque mencionó varias de las más famosas teorías de conspiración que existen, aunque siempre volvía a hacer énfasis en el rollo HAARP. Finalmente se quedó callado, permaneció sentado unos cinco minutos más y luego se fue.

Mucho de lo que dijo no tenía sentido, al menos eso pensé mientras lo escuchaba; pero ya en la habitación, recostado, después de tomar un baño caliente, al tiempo que cuidaba el sueño de mi Watson, saqué la grabadora, porque tuve el cuidado de grabar lo que el gringo dijo, y escuché todo de nuevo.

Con la mente despejada, lo primero que hice fue darme cuenta de que el gringo era igual a Mel Gibson, por eso su cara me había parecido conocida, era claro que no era él, ¿o sí? El caso es que, después de escuchar unas tres veces la grabación, sus palabras empezaron a tener sentido. Eso es, pensé, ahora tengo la información que hacía falta para llegar a algo concreto; entonces dije en voz alta:

—Voy a resolver esto de una vez por todas.

Continuará

Danilo Brownie

jueves 5 de agosto de 2010

Los niños de Caracas —10—

El retorno hacia Antigua fue raro. La lluvia estuvo presente en todo el camino, a veces caía en forma torrencial, como cuando alguien llena un tinaco y luego le da vuelta para dejar caer el agua de un golpe; y en algunos tramos solo se sentía una leve brisa.

El conductor del taxi era extraño, apenas dijo un par de palabras durante el recorrido, y cada tanto tiempo fijaba su mirada en el espejo retrovisor, en actitud de vigilancia, nos miraba y miraba el camino, con los ojos bien abiertos; en determinado momento nuestras miradas se cruzaron y fue algo estremecedor.

Cuando estábamos por llegar a la bajada de Las Cañas, esa pendiente interminable que desemboca en la entrada de Antigua, advertí que una motocicleta nos seguía; caí en la cuenta que había estado detrás desde que salimos de la zona 2; se acercaba, subía las luces, se ponía a un lado, se retrasaba, se cambiaba de lado, miraba hacia adentro del taxi, como intimidando; al finalizar la bajada nuestro taxi entró a Antigua y el motorista siguió.

El taxista se detuvo en la entrada de Casa Santo Domingo, cuando quise pagarle volteó y dijo unas palabras, que resonaron dentro del vehículo:

—Tipo Largo, deje de entrometerse, no nos obligue a tomar medidas drásticas.

Watson, mi Watson, se había dormido en todo el camino y la voz del taxista hizo que se despertara sobresaltada, temblando. Por instinto se pegó a mí, la abracé, como se abraza a alguien a quien se quiere defender. El conductor no dijo más, ni siquiera recibió el dinero por el servicio, nos dejó bajar y se fue.

Entramos al hotel, fuimos directamente al restaurante, para conseguirle un té de tilo a mi Watson, porque estaba temblando de la impresión. Nos sentamos, ella se fue calmando, poco a poco. Ya más tranquilo, evoqué la imagen del taxista, tratando de identificarlo, aunque solo recordé que se dio vuelta y extendió el brazo entre los dos asientos delanteros, entonces visualice un tatuaje que tenía a lo largo de todo el antebrazo, las imágenes eran borrosas, pero pude recordar que decía Mara Salvaranas.

Mientras esperábamos el té, notamos que un gringo nos observaba; no era el clásico mochilero, él vestía de forma elegante, su actitud era de estar a la defensiva, mirando hacia todos lados, pero principalmente hacia la puerta y a nosotros.

Como no soy de los que se aguantan los acosos, decidí enfrentarlo, y le grité:

—Hey mister, come, sit down with us.

El gringo no se sorprendió, se levantó de su mesa, se acercó, jaló una silla, se sentó y dijo:

—Tipo largo, supongo.

Watson, mi Watson, y yo nos miramos, sin decir palabra; el gringo se me hacía familiar, pero no pude reconocerlo de inmediato.

Continuará

Danilo Brownie

miércoles 28 de julio de 2010

Los niños de Caracas —9—

De la salita nos movimos hacia una habitación que estaba al fondo, al entrar todo se convirtió en un escenario de ciencia ficción. Al ver la casa, el jardín y la salita, era imposible imaginar lo que ahora estábamos viendo; en aquel cuarto tenían montado un inmenso laboratorio, lleno de toda clase de artilugios raros. La pieza que hacía falta en el rompecabezas del misterio en el que estaba envuelto aparecía ante mis ojos.

Watson, mi Watson, hurgó en su bolsa de mano y sacó una cajita; la abrió, con mucho cuidado, como abriendo el cofre de un tesoro, y mostró el contenido al doctor; él tomó la caja y extrajo, con unas pinzas transparentes, un puñado de pelos de gato, los puso debajo de un aparato raro, que resultó ser un microscopio, pero no se agachó a ver por un lente, no había necesidad, la imagen se proyectó, en tercera dimensión, sobre una pantalla LED que colgaba de la pared; fue algo impresionante.

Señorita, siento mucho lo de su mascota, por lo que veo era de una raza muy especial; pero no se preocupe, vino al lugar correcto. Debo confirmarlo, pero la imagen muestra que los pelos tienen la cantidad suficiente de ADN para traer de vuelta a su gato.

Mientras el médico seguía con sus observaciones, fingí no poner atención y me asomé por una ventana que estaba en la pared opuesta a la pantalla. Desde ahí se alcanzaba a ver el jardín. Afuera jugaban tres niños, idénticos, parecían trillizos.

Luego de una pequeña negociación, acordamos el precio, unos cuantos miles de dólares en efectivo; en ese tipo de negocios no se aceptan cheques, ni tarjetas de crédito, ni pensar en pedir fiado.

Mire niña, por este precio se podría comprar hasta mil gatos, pero ninguno sería como el que tenía. —Dijo el doctor, como queriendo justificar el elevado precio de sus servicios.

Quedamos en que regresaríamos en unos días, para recoger a la nueva mascota; cruzamos un par de palabras más y nos despedimos.

Antes de buscar un taxi que nos llevara de regreso a Antigua, decidimos echarle otro vistazo al agujero. A estas alturas ya no había espacio para sorpresas, pero ambos nos miramos cuando comprobamos que el tamaño del cráter, abierto en plena calle, era más grande de lo que apreciamos la primera vez, y confirmamos la perfección de su circunferencia, al tiempo que notamos una mancha café en todo el borde, como una especie de quemadura. Los curiosos decían que aquello era producto del colapso de las tuberías que conducen el agua, pero yo tenía mi propia teoría.

La única duda que me quedaba era si habían fallado a propósito, como haciendo una advertencia, o bien el agujero tenía que haberse tragado la casa que estaba a cincuenta metros.

Continuará

Danilo Brownie