martes 10 de noviembre de 2009

Desaparición y búsqueda de una engrapadora

Llegué a la oficina a las 07:00, como de costumbre, antes que todos. No es que sea obsesivo, pero me gusta ser el primero en entrar. Pongo el café con la mezcla que me gusta, organizo mi escritorio, enciendo la computadora, me como mis panitos, que paso comprando donde doña Juanita; leo el periódico, le saco punta a tres lápices que utilizo en el transcurso de la jornada, no me gustan los portaminas. Los demás implementos (sellos, saca-grapas, dispensador de tape, perforador, porta-clips y la engrapadora), los dejó acomodados desde el día anterior.

Los minutos previos a que lleguen los compañeros son útiles para revisar correo personal, navegar en Internet, acomodarme, ir al baño; cositas así.

A las 08:00 llegó Anabella, su fragancia es inconfundible, no digo que sea agradable, simplemente inconfundible. Para esa hora había terminado mis rituales y había impreso un reporte que tenía que entregar en el transcurso del día. Me disponía a engraparlo cuando Anabella se acercó, me dio un beso en la mejilla: hola, te traje pastelito, para tu cafecito, dijo, al tiempo que depositaba una cajita sobre mi mesa.

La presencia de Anabella fue perturbadora, su escote dejaba ver el color de la ropa interior, de encaje rojo, bajo la blusa negra. Fue perturbadora, pero no lo suficiente para ignorar que mi mano había chocado contra el vacío; la alargué, sin ver, mientras recibía el beso, de inmediato me di cuenta que la engrapadora no estaba.

Uno tras otro llegaron los demás, en un lapso de media hora, tiempo en el que estuve tratando de dilucidar qué había pasado con la engrapadora.

Después de unos minutos se acercó Adriana, quería que le prestara un sello. La miré con desconfianza, a partir de ese momento todos eran sospechosos, alguien tenía que haber tomado la engrapadora. Le hice un breve interrogatorio del que salió airosa, selló su hoja y se retiró, yo aproveché para verle el trasero, es innegable que lo tiene bueno.

El siguiente paso fue hacer una lista mental. El primero que vino a mi mente fue Luis. Usualmente él hace ese tipo de bromas, aunque sus víctimas siempre son las chicas, de esa forma logra acercarse a ellas; quizá cambió su modus operandi o sus gustos, nunca se sabe, pensé. Me levanté despacio, para no generar sospechas, agarré mi vaso y fui en dirección del dispensador de agua, de esa forma podría pasar al lado de Luis. Caminé lentamente, examiné todo su escritorio, hasta me detuve a saludarlo, pero no había señales de la engrapadora.

De regreso a mi escritorio pasé por el de Anabella, mi intención era ver su escote, en esas estaba cuando me di cuenta que en una esquina tenía dos engrapadoras. Fui directo a examinarlas, no era ninguna de las dos. De todas formas le pregunté si había tomado la mía, a lo que respondió negando con la cabeza. Lorena escuchó y me ofreció la suya, no acepté pues quería encontrarla.

Llegada la hora del almuerzo decidí aprovechar la ausencia de la mayoría para revisar más despacio. La búsqueda fue infructuosa. La engrapadora se había desvanecido.

Desconsolado me dirigí a mi lugar, luego del almuerzo las horas se van volando, pues todos empiezan a prepararse para salir a las 16:00. Se me terminaba el tiempo y los sospechosos.

A las 15:00 decidí interrogar a todos al mismo tiempo. Me levanté y grité: ya muchá, dejen de chingar, devuélvanme la engrapadora, que necesito entregar este reporte. Lorena me ofreció la suya, de nuevo, tuve que aceptarla, engrapé los documentos y se la devolví ahí mismo.

Eran las 15:50 cuando decidí que no tenía sentido seguir buscando. Puse mis cosas en su lugar, apagué la computadora. Todos empezaron a retirarse, las chicas se despidieron de beso, en un instante la oficina quedó vacía, yo todavía me detuve unos minutos para echar el último vistazo. La engrapadora no apareció.

Salí pensando en que tenía que pasar a comprar una nueva engrapadora. Me despedí del guardia, él alzó la mano y dijo: mire Manuelito, no debería poner la engrapadora arriba de su cubículo, puede caerle en la cabeza, ahí estaba anoche que llegué a apagar las luces, no la quise mover, ya sabe como se pone la gente cuando uno toca sus cosas.

Regresé a cerciorarme, en efecto, la engrapadora estaba en lo alto del cubículo. La dejé ahí, no quise perder más tiempo. Ahora me atormentaba descubrir cómo fue que llegó a tal lugar, pero ese era un misterio que resolvería mañana.

Hércules Poroto

jueves 5 de noviembre de 2009

Aforismos pajeros

  • He decidido convertirme en apóstol de la tolerancia. Hoy, por ejemplo, amanecí pensando que los escritores posmodernos y los artistas conceptuales merecen una oportunidad; no nos decepcionen, el fútbol de este país los necesita.

  • La buena literatura y la buena comida se parecen, siempre hay algún escritor o cocinero desconocido que lo hace mejor que los famosos.

  • El orden de los factores si altera el producto, he aquí una prueba: No es lo mismo: Lobo estepario que este lobo parió.

  • Abogo porque a Vargas Llosa le den un premio Planeta, que se conforme con eso; pues a despecho de lo que muchos piensan, hay cosas que los miembros de la academia sueca tienen claro (no me hagan quedar mal).

  • No hay nada de malo en que los presidentes tengan derecho a correr por la reelección; quizá el problema sea que la gente no ha entendido que no es obligación votar por ellos.

  • La diferencia entre el jugador de fútbol y el escritor estriba en que el primero puede salvar un partido en el último minuto, pero el segundo difícilmente podrá salvar un libro en la última página.

Johan Bush Walls

lunes 26 de octubre de 2009

Ciudadano ejemplar

Es el hombre más tierno del mundo, además es trabajador, honrado, mis padres lo adoran, es tan lindo, nos vamos a casar. Eran las palabras que ella pronunciaba cada vez que le preguntaban por su novio.

Él era un tipo tranquilo, disciplinado y que sabía tratar a las mujeres, por eso muchas lloraron cuando se comprometió.

Su infancia fue la de un niño normal, pero algo le sucedió cuando, a los catorce años, cayó en sus manos el libro Masacres de la Selva; no pudo soltarlo hasta leer la última página. Sin darse cuenta su boca produjo más saliva de lo normal, se le escurrió por la comisura y le cayó hasta la camisa; fue al baño a limpiarse, ahí se dio cuenta que los ojos se le habían puesto rojos y que temblaba de emoción.

Desde ese día jamás lo abandonó el deseo de probar sangre, comer carne cruda, de experimentar la sensación de algún cuerpo dejando de palpitar bajo sus manos.

Luego de terminar el bachillerato, a los quince años, decidió ingresar a la escuela militar. Ahí su máxima aspiración era pasar el curso de Kaibil. Supo esperar, con paciencia.

Finalmente llegó el día, el viaje a la selva fue como estar de vacaciones. En el curso lo obligaron a cazar, él lo hizo sin armas, sólo con sus manos, atrapó jabalíes, venados; les cortaba la yugular con los dientes, se sentía como nunca. Le arrancó la piel a uno de los animales, lo cortó en pedazos y saboreó la carne cruda; exprimió la sangre y la untó en su cuerpo; sintió que estaba llenándose de vida.

Ganó el curso con honores, ahora sólo le quedaba entrar en combate, pero la guerra había terminado; entonces lo angustiaba saber que nunca lo haría.

Lo mandaron a su casa, diciéndole que esperara, que pronto lo asignarían a un cuartel. En su casa hicieron fiesta, lo recibieron con inmensa alegría. Él aprovechó para anunciar que pronto se casaría.

No pasó una semana cuando lo llamaron, le dieron una lista y la ubicación de varias personas, le indicaron que no querían volver a saber de ellas. De nuevo sintió que la saliva se le escurría por la comisura.

Cumplió la misión sin contratiempos, por lo que le dieron otra, y otra, se dio gusto matando gente; cada vez con mayor brutalidad.

Los crímenes llegaron a la prensa amarillista, que publicaba las fotografías de las víctimas, sin ningún pudor, mostrando los escenarios, los charcos de sangre, los cuerpos apuñalados.

Los jefes pensaron que era suficiente, no había por qué arriesgar; es cierto, era eficiente, pero era mejor un balazo certero que una masacre, tenían que ser más discretos.

Aquella mañana él se dirigió a recibir instrucciones, pero su vehículo fue interceptado por dos sicarios en moto, quienes descargaron la tolva de sendas AK-47. No le dio tiempo a escapar, menos a responder el ataque, igual nunca iba armado.

Sus padres y la novia no dejan de llorarlo, entre sollozos repiten: era una persona ejemplar, no le hacía daño a nadie, maldito país violento, todos estamos expuestos.

Chicho Palanuca

jueves 15 de octubre de 2009

Hágase la oscuridad

Emulando a Dios, pero en sentido contrario, un alto funcionario de la antigua Enron, quien ahora trabaja para Unión FENOSA, gritó: que se vaya la luz, y oprimió un botón que dejó al país a merced de la noche durante dos horas.

Surgió el caos vial; los criminales descansaron porque no les gusta trabajar a oscuras, es peligroso; trescientos mil hombres, dirigidos por un español mesiánico, quien dos días después fue vapuleado por sus airosas bases sociales, se levantaron en armas, pero se acostaron cuando se hizo la luz.

La versión oficial dice que la causa fue un rayo serpenteante, tormentoso, terrorista, ingrato, y otros adjetivos más; luego dijeron que era necesario incrementar la tarifa para asegurar la continuidad del fluido eléctrico.

Los empresarios alegaron que habían tenido pérdidas millonarias. Los habitantes del país, en la oscuridad, se fueron a la cama; nueve meses después nacerán un millón de futuros consumidores de electricidad, quienes fueron engendrados en las tinieblas.

Luz Clarita

lunes 12 de octubre de 2009

Tres micro-relatos

Deseo cumplido

El hada azul se las ingenió para esconderse de Pinocho. Veinticinco años después ella misma fue a su encuentro y le dijo:

—Ven Pinocho, te haré un hombre de verdad.



Cada oveja...

Cada día desaparecía una oveja del rebaño, el pastor no lograba entender la causa.

Nunca se le ocurrió relacionarlo con los reclamos que su esposa le hacía después de hacer el amor.

Cuando ella lo abandonó su único consuelo fueron las ovejas.



Una imagen...

Espejito, espejito; dime, ¿quién es el más malvado? El espejo se quedaba callado y devolvía la imagen de un tipo bonachón.

Hermanos Gris

A veces me da por hacerme el gracioso en el blog del maestro Dublín, escribiendo un texto a partir de alguno de sus cuentitos. El segundo y el tercero son ejemplos.

lunes 5 de octubre de 2009

Lilith

El único embarazo de mi madre duró doce meses, los médicos llamaron a aquel fenómeno súper-fecundación y no explicaron más. Primero nació mi hermana, justo a los nueve meses, de parto normal, el abuelo la nombró Lilith. Era una niña fuerte y hermosa, pesó nueve libras. El asombro fue cuando notaron que el vientre de mi madre seguía creciendo, un ultrasonido reveló que adentro había otro bebé; por eso fue necesario hacerle una especie de operación cesárea justo a la altura de las costillas, porque ahí me había alojado yo.


Gracias a los avances de la medicina nací tres meses más tarde, pesé sólo cinco libras, pero estaba saludable, me nombraron Eva, como mi abuela paterna.


Toda mi vida ocurrió a la sombra de Lilith, aunque siempre fuimos diferentes. Era testaruda, hacía lo que quería; para ella nada era imposible. Montaba moto, navegaba a vela; quería pilotear aviones y como no la dejaron se lanzaba en parapente desde el filón de Amatitlán. Yo era incapaz de siquiera pensar en hacer cosas semejantes; obedecía en todo, no levantaba la voz, aprendí a cocinar; si mi padre pedía algo, mi hermana se apresuraba a gritarle:

servítelo vos, ¿no tenés pies pues? Jamás sirvió a nadie y hacía que los demás le sirvieran.


Sin importar las diferencias, todo mundo nos consideraba gemelas no idénticas; por eso nos celebraban el cumpleaños el mismo día. En nuestra fiesta de quince años bailó con todo los invitados y como nadie le aguantaba el ritmo llegó a quedarse sola en la pista. A media noche, estando borracha, casi se quita la ropa, pero la detuvieron a tiempo. Vestía traje negro, con vuelos rojos; usaba pulseras de púas y maquillaje gótico. Yo me sentía mortificada, mi traje y mi peinado eran iguales a los de la princesa Bella, de la película de Disney; hasta hice una coreografía con mis amigas y sus parejas; Lilith se carcajeaba.


Fue en la fiesta que conocimos a Adán, era tan guapo como Brad Pitt, bailó conmigo la coreografía, luego se quedó mientras la musica de Lilith sonaba; ella no tardó en sacarlo a bailar, al rato ambos habían desaparecido. La fiesta terminó, mi hermana regresó horas después, se miraba feliz, radiante; mientras yo sumergía mi cabeza en la almohada y lloraba.


Adán vivía cerca de nuestra casa, por lo que Lilith se escapaba por la ventana, todos los días después de la media noche y regresaba como a las cinco de la mañana. Nunca se le veía cansada, en cambio Adán parecía deshacerse.


El día después de la graduación, un Adán enamorado esperaba a Lilith al pie del altar. Mis padres, quienes pensaron que ella nunca sentaría cabeza, hicieron la boda más bella que se puede imaginar. Al lado de una fuente se juraron amor eterno; Lilith hasta se puso vestido blanco y velo, todos brindaron por la pareja.


Había pasado una semana cuando vinieron los primeros problemas. Lilith tenía varios amantes y pretendía seguir con ellos; además, no sabía cocinar, no le gustaba servir; sólo quería divertirse, salir a la calle con sus amigos y amigas. Lo peor fue cuando intentó sodomizar a Adán con un vibrador.


Un día ya no regresó a la casa. Adán vino a ver a mi padre, se notaba desconsolado; parecía increíble pero la amaba y no quería perderla. Contrataron un detective, la localizaron y la hicieron regresar. Mi padre le dijo que tratara de portarse bien, que tenía que servir a su marido, que le obedeciera, que usara ropas lindas y no esos trajes góticos; que se quitara el arete de la lengua, que no fuera agresiva sexualmente. Lilith se rió y le dijo: no padre, así no juego yo, si es tan maricón que se vaya con Eva, ella es como él quiere.


Yo me sonrojé y al mismo tiempo me llené de felicidad. Ellos se divorciaron y Adán se casó conmigo. No hubo fiesta; eso sí, mi padre nos recibió en la casa, nos dio las mejores habitaciones, nos mantenía; entonces no había necesidad de trabajar, por lo que nos dedicábamos exclusivamente a amarnos, vivíamos en el paraíso.


Así fue durante diez años, hasta que empezaron los problemas, creo que mi padre se aburrió de nosotros. Adán era muy aficionado a comer manzanas, por lo que yo siempre las mantenía en abundancia y se las preparaba de distintas formas. Una tarde mi padre regresó con cara de pocos amigos y en cuanto entró dijo: estoy harto de ese olor a manzana, váyanse de mi casa, no los quiero aquí. Estaba como loco, llamó a la policía y nos echó, sin dar explicaciones.


No hubo más remedio que irnos. Adán tuvo que buscar trabajo, yo resulté embarazada y nuestro hijo nació en la pobreza, al poco tiempo nació el segundo.


Para colmo de males, Lilith regresó y fue recibida en casa de mi padre. Cuando se enteró de mis hijos los quiso conocer; de inmediato se entusiasmo con el mayor. Lo sacaba a pasear, lo cargaba, lo acariciaba, le compraba juguetes, hasta llegó a decirme: regalámelo, total tenés otro.


El caso es que cuando ella se fue mi padre la maldijo, por lo que su vientre se secó y no podía tener hijos.


Insistió varias veces, pidiendo que se lo diera; yo no estaba dispuesta a dárselo; así que un día se lo llevó.


Desde ese día la tragedia se estableció en nuestra casa. Todo fue de mal en peor. A mi dolor de madre se sumó el mal trato que recibía de Adán. Nunca volví a saber de Lilith y mi hijo; jamás pude explicarle a Abel, que así se llamaba el menor, qué había pasado con su hermano.


Adán se volvió mujeriego y borracho. Abel creció y decidió salir a buscar a su hermano. Tampoco volví a saber de él. La gente dice que llegaron a encontrarse, que los vieron juntos, caminando hacia el campo, que tenían cara de felicidad.


Ahora estoy vieja, sola, Adán ya no viene a la casa. A pesar de las pérdidas, quizá he recuperado el paraíso.


Evita Peroles

martes 29 de septiembre de 2009

Salmos pajeros V

XIV
Decía el salmista

De Jehová es la tierra y su plenitud

Decía Neruda

y Jehová repartió el mundo a

Coca-Cola Inc., Anaconda,

Ford Motors, y otras entidades...


Las cosas no duran para siempre

Hoy día los dueños del petróleo

incluido Hugo Chávez

han alzado sus puertas

cerrándolas con llave

ni Yahvé, fuerte y valiente, poderoso en batalla

puede con ellos.

¿Es ese, acaso, el rey de gloria?

¿Jehová de los ejercitos?

quizá deba surtir su arsenal


XV
A ti levantaré mi alma

veintiún gramos dicen que pesa

bueno y recto eres (tú que guías la mano del proctólogo)

que nadie haga memoria de los pecados de mi juventud

herédame la tierra (aunque sea una maceta)

te doy la oportunidad

en mis horas de flaqueza a ti clamo

delirando estoy

la culpa la tiene ella

no hay casaca que mate al dinero

no lo hagas por mí

mírala

tiene cuerpo de pecado y cara angelical

que su descendencia herede la tierra

En ti confío

no me avergüences


XVI
Mi único pecado ha sido quererla

Lo sé

suena a canción

He compartido con todos

pero no me he contaminado

me lavo las manos y uso mascarilla (no siempre, pero trato)

Contaré tus maravillas (soy capaz de mentir)

la habitación de tu casa he amado

ahora quiero amarla (a ella) en su habitación

Ten misecordia

he tenido rectitud (erección es la palabra, pero no quiero ser escatológico)

Júzgame

condéname a quererla (dale con el tonito de canción)

Jonás Ungido

lunes 21 de septiembre de 2009

Seguir o no seguir

Salió de su casa en Ciudad San Cristóbal a las 6 de la mañana y, como todos los días, buscó la Calzada Roosevelt. Ni siquiera logró llegar a la carretera Panamericana, el boulevard era un enorme estacionamiento, por la radio se enteró que habían matado a alguien al salir de la colonia Miraflores, buscando la Roosevelt.

¡Que mala suerte! Con razón no avanza la fila, pensó. Decidió dar vuelta en U y salir a la Aguilar Batres: otro atolladero, y ya eran las 7 menos cuarto.

La radio informó que dos motoristas, uno en cada moto, respetuosos de la ley, habían matado a alguien, a la altura del Trébol. Por eso el tráfico no avanzaba. Parecía que todo se confabulaba para que no pudiera llegar a la oficina. Viéndolo bien, quizá es mi día de suerte, será mejor que regrese a casa, tengo la excusa perfecta, se dijo.

Llamó a un compañero de trabajo que vive en Villanueva y siempre utiliza la Aguilar Batres. No seás lento mano, salite en la 13 calle y seguí la corriente hasta que te saque a los museos, por el boulevard Liberación llegás a la Hincapié y estás hecho, fue la respuesta que recibió.

En la primera oportunidad cruzó a la derecha y llegó a la 13 calle, estaba cargada pero fluía. Antes de cruzar en la Atanasio Tzul decidió llamar a su compañero para darle las gracias por el consejo, iba despacio pero estaba seguro que podría llegar a la oficina, todavía en tiempo.

Un motorista tocó la ventana del carro, con fuerza, pensó que llevaba una llanta pinchada, o algo por el estilo, y bajó el vidrio. El tipo gritó algo que no tuvo tiempo de entender. Ahora él es la causa del congestionamiento en la 13 calle.

Elders Tino

lunes 14 de septiembre de 2009

Zurdo

Se levanto con los dos pies, para empatar el día. Ya no quería levantase con el pie izquierdo, que tan mala suerte le había traído. Todo lo que había emprendido desde la parte siniestra del cuerpo se había torcido.

De niño soñaba con ser guitarrista de concierto, pero nació hábil de la mano izquierda (algo rarísimo si se considera que, en cinco generaciones, todos en su familia habían sido diestros, de hecho en el pueblo en donde nació y creció él era el único), por lo que conseguir una guitarra que le sirviera fue imposible. Para adquirirla tenía que pagar una suma estratosférica o cambiar el sentido de las cuerdas, algo así como querer cambiar su propio destino.

Para paliar su desencanto decidió jugar fútbol sala, de esa forma podía explotar su tendencia natural de izquierda, muy apetecida en tal deporte. Amagaba con la derecha y pateaba con la izquierda, llegó a anotar un centenar de goles en una sola temporada; le iba de maravilla, hasta que un defensa, grande, con prácticas violentas, enemigo de la táctica de amagar con la derecha y patear con la izquierda, lo sacó del deporte, estampándole los tarugos a la altura de la rodilla. La lesión de meniscos lo dejó cojo de su preciada pierna izquierda.

Con la experiencia ganada en el fútbol, o sea el arte del amague, y ante la imposibilidad de seguir practicando el deporte, se dedicó a la política, pero introdujo un cambio, ahora amagaba con la izquierda y pateaba con la derecha. Sin embargo, su habilidad se vio de nuevo truncada. Mientras la derecha lo calificaba de terrorista y comunista, la izquierda le dictó sentencia moral, previo juicio sumario; lo acusaron de haber traicionado su ideología, le dijeron que se había convertido en pequeño burgués con inclinaciones fascistas. Pagó su incursión en la política con varios años de exilio.

Viviendo en el exilio, largas horas de reflexión le dieron la respuesta. Se dio cuenta que debía tener claridad en las tendencias ideológicas. Leyó algunas definiciones de izquierda en la Wikipedia y en los diccionarios. Buscó acepciones en varios idiomas, incluyendo: vasco, celta y latín; le llamó la atención la coincidencia en palabras como: oscuro, taimado, femenino.

Por vocación izquierdista, quiso potenciar su lado femenino, asumiendo todo lo que bíblicamente implicaba, gratitud, sumisión, bla, bla, bla. Se consiguió una pareja que le propiciaba tremendas palizas, no soportó mucho tiempo. Optó por anular ese aspecto y se agarró a golpes con su pareja.

En medio de aquellas peleas tuvo una epifanía. Ante su fallida vida artística, deportiva, política y sexual, tomó posturas radícales, para estar en armonía con el universo. Renegó de su ambivalencia femenina-masculina; luego dijo: ni diestro, ni siniestro; ni de izquierdas, ni de derechas; de ahora en adelante sólo prácticas ascetas, abstinencia, ayuno, meditación, esa será la mejor vía, el destino así lo manifiesta, por eso debo levantarme con los dos pies al mismo tiempo.

Muy dentro de sí, sabe que dejó una posibilidad: levantarse con el pie derecho, quizá eso finalmente le cambie la suerte.

Fidel Malapata

martes 8 de septiembre de 2009

Perseguido

Nadie sabe si la mala suerte la tuvo ella o él. Algunos opinan que uno de los dos tenía buena suerte, otros están convencidos que era él quien estaba salado. Quizá la distribución de la sal haya sido fifty, fifty.

Que ambos murieran, en distintos momentos, no tuvo importancia; aunque muchos dicen que la mala suerte les siguió hasta la tumba. Al no encontrar lugar disponible tuvieron que enterrarlo justo a la par de ella.

Trató de escapar, se convirtió en zombie, pero apareció Michael Jackson y le robó el mérito, por lo que pasó desapercibido en el mundo de los muertos, como le sucediera en vida.

Encontró la forma de acceder a la reencarnación, pidió ser animal, le tocó ser pato y de nuevo tuvo mala pata. Y así...

Percy Guido

jueves 3 de septiembre de 2009

Nadie se muere en la víspera

Toda su vida tuvo mala suerte. Desde que era pequeño hizo conciencia de ello. Por eso nunca consideró como algo malo que un chucho lo orinara o que un gato negro pasara frente a él.

Fue un tipo solitario, nadie quería ser su amigo; ya se sabe, la mala suerte es contagiosa. No hay mal que dure cien años, repetía, sin ninguna convicción.

Ganarse la lotería, después de haber sido rogado durante horas para que comprara el número; las propiedades que sus padres le heredaron, después de haber vivido casi cien años; la mujer preciosa que se enamoró de él, con quien de inmediato dispuso casarse; hicieron que llegara a pensar que su suerte había cambiado.

Hoy, la novia, todavía vestida de blanco, cambia su llanto por una sonrisa imperceptible. El sacerdote la consuela, ya nada se puede hacer. De no haberse atragantado con la ostia, el vino hubiera hecho el trabajo.

Mr. Gafe

viernes 28 de agosto de 2009

De la serie negocios fabulosos -6-

—Está bonito ese su camión cisterna.

—¿Verdad que sí?, lo acabo de añadir a la flotilla.

—¿Y cuántos tiene pues?

—Ya ajusté ocho.

—O sea que el negocio camina.

—Fíjese que sí, va sobre ruedas, a pesar de los tiempos tan difíciles.

—Si hombre, tan cara que está la gasolina

—Eso es lo paradójico, porque vio que el agua ya casi se vende al mismo precio de la gasolina.

—Pero a nosotros, que andamos en el negocio de vender agua, eso nos conviene.

—¿Cómo así? No tenía usted una agencia de viajes pues.

—Siempre, ¿se acuerda que organizo tours hacia Egipto? Pues ahora también estoy vendiendo agua.

—Púchica, pero como que le está yendo bastante bien.

—Apenas estoy empezando, estos tres meses han sido para encarrilarme.

—No chingue, ni modo que sólo tres meses y ya hasta compró ese Mercedes, yo llevo toda mi vida en esto y, aunque no me quejo, el negocio no da para tanto.

—Todo es cuestión de estrategia.

—Pues páseme el chivo.

—Mire pues, me asocié con una empresa de teléfonos, con otra que emite tarjetas de crédito, el resto fue sencillo, hasta fue fácil adaptar la campaña de publicidad.

—¿Qué dice pues?

Boleto de avión a Egipto, con tour incluido: US$2,500.00. Llamada telefónica: US$10.00. Un vaso de agua en el desierto, no tiene precio. Hay cosas que el dinero no puede comprar, para todo lo demás existe Maestro Card.

—¿Y le funcionó entonces?

—Ya vio que siempre hay gente que se pierde en los tours.

Water Mercado

lunes 24 de agosto de 2009

Diálogos incongruentes IX

—Vos, ¿será que aquel tu cuate? Ese que es editor hombre, el que vos decís que te publicó un libro, ¿será que lee mis textos?

—Dejame decirle, aquel es buena onda, a mí me publicó y no me cobró nada.

—Púchica muchá, ¿cómo así? No se supone que es el editor quien tiene que pagarle al escritor para poder publicar su libro pues.

—Nel, aquí no es así la cosa, aquí o tenés cuates que sean cuates de los editores o si vos sos cuate del editor, entonces te publican.

—Simón, vaya que yo me logré meter a ese círculo, pero ustedes no se ponen las pilas.

—Y ¿cómo te metiste mano?

—Lo que pasa es que cuando salí de la U hice mis prácticas en la editorial de aquel, pero después de terminar me dio la oportunidad de seguir corrigiendo textos, buena onda aquel, no me pagó pero gané bastante experiencia; eso sí, ya me publicó mi librito.

—Que rayado mano.

—Puta, yo no entiendo nada, ¿vos decís que le trabajaste gratis y que por eso buena onda?

—Gratis no vos, porque, al final, me publicó mi libro.

—Mirá mano, yo tengo un cuate que sale a chupar con un chavo que tiene una editorial, hasta compadres se hicieron, y a ese cuate, poeta él, ya le publicaron tres libros.

—Mirá pues, que buena onda ese editor, hasta su compadre lo hizo.

—Uña y mugre son, y así ni le cobró la edición.

—No muchá, ustedes son algo mulitas, pero si siguen así, de seguro, más de algo les publican.

—Vos sos el mula, regalando tus textos en internet y encima nadie te lee.

—Al menos no estoy como esas viejitas de pueblo, primero tuvieron que echarse a la bolsa al editor, luego pagaron de su bolsa el libro, la presentación la hicieron con su pisto; se han vendido como tres ediciones y a ellas no les han dado ni un centavo; lo bueno, como ustedes dicen, es que no les cobraron la segunda y tercera edición, esas corrieron a cargo del editor, quien encontró un buen negocio, el libro lo utilizan como texto en un instituto público, que tiene más de 3,000 estudiantes. Y a vos, decime, ¿cuánto te pagaron por tu libro?

—Buena onda aquel, el 20% me dio, imprimió 100 libros y me dio 20, me rayé, porque a otros sólo les dan el 10%.

—No te digo pues, te rayaste vos.

—Si muchá, son meros mulitas ustedes, a’i pagan las chelas pues, porque yo ya me voy.

Tedito tulibrito perochiniunlen