martes, 10 de febrero de 2009

G.M.

Los meses que viví en California sirvieron para darme cuenta de lo rara que podía llegar a ser la gente. Muchas veces me colé a esas fiestas que organizaban las estrellas de cine, el ambiente era estrambótico. En realidad podía entrar cualquiera que se lo propusiera, porque nadie controlaba el acceso; pero eso no era lo mío, prefería pasar la tarde tomando café, observando a las personas, todas tratando de sobresalir entre la multitud.

Nunca podré olvidar lo sucedido con el tipo del mostacho, a primera vista me provocó la risa, y cuando me detuve a observarlo, disimuladamente, liberé la carcajada, todos los comensales voltearon, pero era imposible parar. Bajé la vista para ocultar mi euforia, como no podía contenerme decidí salir un momento, al levantarme quedé, de golpe, nariz con nariz con aquel hombre.

—Veo que conoce usted a T.S., dijo, sin retirarse de mi cara.

—¿Cómo lo supo?

—Su porte lo delata, los zapatos, la ropa, el peinado, el libro que lee, y por encima de todo, la carta que está escribiendo, alcanzo a leer que empieza con: Querido T.S.

—¿Lo conoce?

—No, pero también me gustaría escribirle cartas; es curioso, nunca antes había pensado que su primer nombre podría ser Tom, claro que es la primera vez que veo que alguien sea llamado T.S.

Volví a sentarme, mientras el hombre seguía hablando; cada dos frases soltaba un disparate, y hablaba como si realmente conociera a mi amigo. Fue tan gracioso que terminé dándole la dirección de T.S., pensé que no tenía importancia, pues él estaba viviendo en Londres; difícilmente se animaría a escribirle.

Un chiflido lo hizo voltear, no dijo más y volvió a su mesa, sin siquiera despedirse, apenas pude preguntarle su nombre, a lo que respondió: G.M.

Mill Soles

8 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

El lenguaje de las siglas, tan misterioso y extraño como este cuento.

Johan Bush Walls dijo...

En realidad no hay misterio, maestro Dublín, lo que pasa es que Mill Soles tenía unos meses de no aparecer por acá. Pero, si se fija, la etiqueta refiere a La saga de Mill Soles, entonces, si llega a tener un tiempecito, lo invito a que lea los otros relatos.

También a los demás que pasen por acá.

Salú pue.

Esteban Dublín dijo...

¡Ah, haberlo dicho antes! Cosita con este Mill.

el Kontra dijo...

Vaya saga, master de lo pajero, para entrarle poco a poco al asunto así no me pierdo entre las siglas.

Salud

Tim Briceño Torrenegra dijo...

io tambien soy nuevo en esto de las siglas... alguien podria ayudarme???

Johan Bush Walls dijo...

Kontra: Maestro, léase los cuentitos anteriores, son chiquitos, no más de quince minutos, garantizado.

Tim: No hay misterio, es cuestión de leer los textitos de la serie, dispense usté que lo obligue a leerlos. Además puede pinchar en el enlace.

Salú pue.

Nancy dijo...

Ay Johan, tienes a todo mundo urgando entre tus relatos viejitos, eres un caso, jajaja. Me gusta
N.A.

Johan Bush Walls dijo...

Nancy: Ojalá y así sea maestra, espero que tu los hayas leído.

Salú pue.