martes, 11 de noviembre de 2008

Cena con joyitas

Mantener la pose no le resultaba difícil, era cuestión de recitar, en cierto orden, un número de lecturas, realmente finito, o alguno de esos cánones modernos, de diez o doce que era indispensable conocer.

Con la música era más difícil, de eso se dio cuenta la primera vez que el grupo de amigos llegó a su casa; encontraron en su tornamesa un viejo disco de Andre Kostelanetz interpretando a los Beatles; a él le arrancaban profundas emociones las notas de Penny Lane en versión orquestal, con trompetas y trombones; lo hacían brincar y marchar los acordes de Yellow submarine y moría con All you need is love. Sus amigos le dijeron: que tornamesa más nave, pero tu colección de acetatos apesta. Mientras lo decían revisaban, uno por uno, los veinte acetatos de Ray Conniff y ABBA, que coronaban la pila. No son míos, se apresuró a decir, y aseguró que estaba revisando la colección de su padre, pues quería que se los pasaran a MP3; luego inventó que justo el día anterior había enviado la suya a digitalizar. Los amigos sonrieron beatíficamente, esa sonrisa que decía: si vos, así son los viejos, y pasaron a revisar la biblioteca.

Lo dejaron poner a Kostelanetz, después escucharon un disco de tangos que les pareció, a todos, maravilloso. La voz de Gardel se escuchaba en el apartamento, mientras intentaban analizar las vivencias del argentino; parecía un diálogo articulado con textos de la Wikipedia o monografías.com.

La velada recién daba inicio, pero ya fingía para no hacer evidente su incomodidad. La cena era su mayor temor, igual que la infaltable plática de sobremesa. El vino, las presunciones enológicas, aunque ellos no pasaran de consumir vinos de mesa chilenos, en presentaciones tetrapack. Quería morirse de una vez.

Una voz desde la biblioteca gritó: no puedo creerlo; supuso que habían encontrado las obras completas de J.K. Rowling, o mucho peor, el célebre libro de Spencer Johnson. Se encogió en el sofá, esperando la burla y el desprecio, pero el gritón lanzó otro alarido, mientras blandía un ejemplar enorme: un facsímil de la Biblia de Gutenberg; es un regalo de una novia europea que tuve, dijo con desgano. Todos se acercaron con fingida devoción y guardaron silencio, uno de ellos no pudo más: ¿muchá, quién putas es Gutemberg?. La carcajada general lo apaciguó un momento, obviamente todos pensaron que se trataba de una broma y no le hicieron caso al bromista.

La cena arrancó bien, hasta que alguien habló: este vino merece un buen maridaje, ni se te ocurra servir salmón, no es buena elección; pero como la cena era salmón, entonces decidieron buscar otro vino en su bodega, un mueble con hoyitos. Encontraron uno avinagrado y viejo, que el enólogo mayor clasificó como lo mejor de la noche y que a él le dejo un regusto a maderas podridas mezcladas con frutos del bosque.

Cerca de la media noche, se veía cansado, mareado por la conversación, intentando descubrir la relación entre la escuela de Viena y el manifiesto socialista, poniendo al día sus citas con las que mencionaban sus amigos; pensó: para estas cenas sería útil tener un buen fichero. Después de las dos de la mañana se fueron todos; en esos momentos era cuando más disfrutaba la soledad.

Cambió el disco, quería escuchar otro clásico, La vie en rose empezó a sonar; se sentó a fumar y tomarse un scotch; descansaría un poco, luego haría su tarea, tenía que averiguar todo sobre Bataille.

Tururu Capota

5 comentarios:

Lena dijo...

jajajajajajajajaja!
jajajajajajajajaja!

Uy que eso lo he vsto!

jajajajajajajajajaja!

Buenísimo!

Cariños, Johann!

el Kontra dijo...

De esas tenemos que aprender todos, pues uno nunca sabe cuando se va codear con mencionadas joyitas. Saludos maestro.

yacasinosoynadie dijo...

vaya a mi Penny Lane tambien me arranca profundas emociones... que buen texto, muy bueno...

Anónimo dijo...

clásicos chapines... hahahaha
-anónimo 09

JOHAN BUSH WALLS dijo...

Lena: ¿Se ríe usted de mi trabajo?
Espero que si. Tiene una risa encantadora.

El Kontra: Esas cenas son un verdadero despepute maestro.

Yacasi: A todos nos arranca emociones Penny Lane maestro, no tenga usted cargos de conciencia.

Anónimo09: El clásico chapín quedó 0 a 0.

Salú pue.