T.S. era la persona que mejor me comprendía, yo siempre lo consideré buen amigo, aun sabiendo que él a mi no me tenía entre los suyos, lo que pasa es que él era un alma de dios; sus biógrafos podrán decir lo que quieran, pero para mí eso era. Confieso que soy un tipo tranquilo.
Hay muchos episodios de mi vida que sucedieron junto a T.S. Recuerdo que cierto día estábamos en su casa, había mucha gente aquella vez; hablábamos de temas interesantes, pero me llamó la atención una mujer de nariz rara, ella casi no hablaba y fumaba sin parar, su mente estaba en otro lado, como si estuviera sumergida en una gran depresión; el marido la cuidaba celosamente y no la perdía de vista cuando se levantaba. Después de haberla observado durante unas dos horas le dije: Te caería bien sumergirte despacio en un río, es el mejor remedio para el cansancio. Fue lo único que atiné a decirle y creo que también fui el único que le dirigió la palabra.
Supe que Virginia publicó varios libros, yo hablé pocas veces con ella después de aquella noche; por eso nunca me expliqué cuando el marido, un día que me lo topé en la calle, casi me bota tres dientes de un puñetazo, que me dio sin mediar palabra.
Mill Soles
lunes, 21 de julio de 2008
viernes, 18 de julio de 2008
jueves, 17 de julio de 2008
Aforismos pajeros
- Metámonos a cargar, aunque no sepamos que santo llevamos.
- Unámonos a Tyson, porque aquí se vale morder orejas.
- Las pajas serán para los que, en la intimidad, se entienden consigo mismos y gimen con el mismo gusto con el que escriben.
- Dejaré de escribir pajas cuando dejen de existir los malos escritores, o antes si me aburro.
- Habrá en un futuro cercano escritores que alcanzarán la fama sin necesidad de haber escrito una sola letra.
- La ironía y la parodia hacen reír, siempre y cuando se refieran a los otros.
Johan Bush Walls
lunes, 14 de julio de 2008
Los sentires pegados
Tiene el corazón pegado con Velcro, fue el diagnostico dado por un famoso médico cardiovascular al paciente, quien no entendía lo que le estaba diciendo la eminencia. "Sí, tiene el corazón pegado con Velcro, insistía asombrado, mientras revisaba una y otra vez las placas de rayos X, que tenía en las manos. Se rascaba la cabeza y hasta llegó a pensar que podía ser que la máquina estuviera defectuosa, pero después de tres revisadas y ver las radiografías tomadas antes y después que este fenómeno apareciera, asintió con la cabeza, "sí, usted es un fenómeno, podría hacerle una operación a corazón abierto para ver como pudo suceder".
El asustado paciente pregunto si eso sería caro, peligroso o afectaría su salud. El médico le respondió que de ninguna manera, que únicamente era para satisfacer su interés científico, determinar como un corazón podía estar pegado con Velcro.
El paciente, viéndose cual rana en disección, con un poco de timidez, dijo que lo iba a pensar, mientras el médico levantaba la placa y le colocaba el estetoscopio en el pecho, tratando de oír el ruido que hacía el Velcro. Entonces preguntó: ¿Ha tenido alguna dieta a base de plásticos y poliuretanos? El paciente aseguró que lo único que se había tragado, cuando era niño, fue la tapa de un dentífrico, cuando estaba tratando de abrir el recipiente, pero que la había defecado al día siguiente, que incluso lo observo cuando se iba sumergiendo en el suave remolino de la tasa sanitaria.
El medico se concentró otra vez en las placas y preguntó: ¿Ha hecho deportes que requieran el uso de esteroides, o se ha hecho implantes, consumido estrógenos o algún químico similar? El paciente respondió que lo suyo era la lectura, revisar blogs en internet y comprar, de vez en cuando, un libro de poesía.
Ok, dijo el médico, ¿entonces dígame que pasa con su corazón? El pobre paciente, acosado de tanta pregunta, respondió: quizá sucedió porque soy muy enamorado. El médico, pensativo, le dijo: puede ser, probablemente el uso de condones, pastillas anticonceptivas, la del día después, ¿usa usted todo eso? El paciente, aún más incómodo, le dijo: la verdad, no soy muy asiduo a las relaciones sexuales, ni pareja tengo. El médico inmediatamente respondió: Ya sé, el uso de muñecas de plástico, juguetes sexuales, el sexo virtual en internet; a lo que, aún más incómodo, el paciente respondió: no, lo único que hago es enamorarme frecuentemente. ¿Cómo así? le pregunto el médico. A lo que respondió: pues bien, veo alguien que me gusta, me acerco, nos hablamos y después de un tiempo me mandan a volar. Ajá, asintió, el médico; bueno y, la verdad, es que de tanto sufrir y de mandadas a volar, decidí dejar de sentir…Ajá, volvió a decir el médico. Entonces pensé que era buena idea dejar el corazón por un lado cada vez que me rechazaban o me dejaban, pero nunca pensé que me fuera a crecer Velcro por hacer eso.
El médico, un tanto escéptico con el tema de la quitada y vuelta a poner del corazón, a conveniencia del paciente, mascullo: ¿Tiene alguna técnica, metodología o un procedimiento sistematizado para poder hacer eso? Si, dijo el paciente, abriéndose un ziper, justo en el lado izquierdo del pecho, luego metió la mano dentro y con total tranquilidad se sacó el corazón. Lo puso en las manos del doctor y lo dejó latir un par de segundos, para que el doctor lo sintiera, después, con la misma tranquilidad, lo tomó y se lo puso en medio de sus propias costillas; luego suspiró un momento, mientras decía: Así es como lo hago.
Claro, es muy sencillo, dijo el doctor.
Poncho Pilatus
El asustado paciente pregunto si eso sería caro, peligroso o afectaría su salud. El médico le respondió que de ninguna manera, que únicamente era para satisfacer su interés científico, determinar como un corazón podía estar pegado con Velcro.
El paciente, viéndose cual rana en disección, con un poco de timidez, dijo que lo iba a pensar, mientras el médico levantaba la placa y le colocaba el estetoscopio en el pecho, tratando de oír el ruido que hacía el Velcro. Entonces preguntó: ¿Ha tenido alguna dieta a base de plásticos y poliuretanos? El paciente aseguró que lo único que se había tragado, cuando era niño, fue la tapa de un dentífrico, cuando estaba tratando de abrir el recipiente, pero que la había defecado al día siguiente, que incluso lo observo cuando se iba sumergiendo en el suave remolino de la tasa sanitaria.
El medico se concentró otra vez en las placas y preguntó: ¿Ha hecho deportes que requieran el uso de esteroides, o se ha hecho implantes, consumido estrógenos o algún químico similar? El paciente respondió que lo suyo era la lectura, revisar blogs en internet y comprar, de vez en cuando, un libro de poesía.
Ok, dijo el médico, ¿entonces dígame que pasa con su corazón? El pobre paciente, acosado de tanta pregunta, respondió: quizá sucedió porque soy muy enamorado. El médico, pensativo, le dijo: puede ser, probablemente el uso de condones, pastillas anticonceptivas, la del día después, ¿usa usted todo eso? El paciente, aún más incómodo, le dijo: la verdad, no soy muy asiduo a las relaciones sexuales, ni pareja tengo. El médico inmediatamente respondió: Ya sé, el uso de muñecas de plástico, juguetes sexuales, el sexo virtual en internet; a lo que, aún más incómodo, el paciente respondió: no, lo único que hago es enamorarme frecuentemente. ¿Cómo así? le pregunto el médico. A lo que respondió: pues bien, veo alguien que me gusta, me acerco, nos hablamos y después de un tiempo me mandan a volar. Ajá, asintió, el médico; bueno y, la verdad, es que de tanto sufrir y de mandadas a volar, decidí dejar de sentir…Ajá, volvió a decir el médico. Entonces pensé que era buena idea dejar el corazón por un lado cada vez que me rechazaban o me dejaban, pero nunca pensé que me fuera a crecer Velcro por hacer eso.
El médico, un tanto escéptico con el tema de la quitada y vuelta a poner del corazón, a conveniencia del paciente, mascullo: ¿Tiene alguna técnica, metodología o un procedimiento sistematizado para poder hacer eso? Si, dijo el paciente, abriéndose un ziper, justo en el lado izquierdo del pecho, luego metió la mano dentro y con total tranquilidad se sacó el corazón. Lo puso en las manos del doctor y lo dejó latir un par de segundos, para que el doctor lo sintiera, después, con la misma tranquilidad, lo tomó y se lo puso en medio de sus propias costillas; luego suspiró un momento, mientras decía: Así es como lo hago.
Claro, es muy sencillo, dijo el doctor.
Poncho Pilatus
viernes, 11 de julio de 2008
jueves, 10 de julio de 2008
Comentario pajero sobre la poesía de Arturo Nuez Pérez Reviente
La poesía no hay que buscarla en los altares, la poesía se encuentra en todos los lugares (como me salió en verso, ya saben. Perdón por el albur, pero no es gratuito).
Desde la soledad del Distrito Federal, hasta el caos de la 6ª avenida. Poemas con sabor a urbanidad, con un dejo bucólico, versos engendrados en el desarraigo, en el exilio voluntario. Así es, la recién descubierta, poesía de Arturo Nuez Pérez Reviente.
Pocos poetas despiertan el entusiasmo en la primera lectura, Pérez Reviente no es la excepción, pero después de leerlo unas quinientas veces, se llega a la conclusión que su obra no está destinada a ser entendida, pero no es necesario. Ni siquiera aquellos que caminan en sus versos se dan por aludidos en el primer intento. No se habla aquí de la ironía, menos de una eventual parodia, se habla de la reinvención de la urbanidad, del diálogo con aquellos que la pueblan.
Hay en esto algún parangón con la poesía de Beto Cabal, pero son dos discursos distintos, quizá elaborados en forma paralela, no es que ambos hayan comido chuchitos donde Doña Meches, que hayan tenido celular en prepago, o que hayan sido asaltados en la calle; todo esto es signo de que ambos están envueltos en el caos de la ciudad, hay convergencia en el tópico, pero hay divergencia en la forma de poetizar, ninguna es mejor, son diferentes.
Pérez Reviente encuentra su propia voz en la soledad del desarraigo, en la inmensidad del DF. Es la mezcla de lo mexicano con lo chapín.
Tres temas son recurrente y a la vez fundantes de la poesía Perezrevientana: los chuchitos de Doña Meches, dar dinero prestado a los cuates y asumirse huevón. Nótese que en cada uno de estos elementos está presente el doble sentido, el tono adquirido del albur mexicano. Es importante señalar que el poeta se confiesa huevón, pero también aquí está presente el albur, quizá un poco del verso derbeziano.
Poemas comprometidos estos de Arturo Nuez Pérez Reviente, esperamos que su aparición no sea fugaz, no importa que sea espaciada, es más debe ser así, porque los buenos versos son como el vino (que metáfora más huevona). Lo cierto es que en manos de poetas como este, la poesía siempre estará viva (disculpas por los lugares comunes, pero la emoción no deja pensar). Reviéntese cuando quiera maestro Arturo.
Dr. Sabihondo Piláz
Desde la soledad del Distrito Federal, hasta el caos de la 6ª avenida. Poemas con sabor a urbanidad, con un dejo bucólico, versos engendrados en el desarraigo, en el exilio voluntario. Así es, la recién descubierta, poesía de Arturo Nuez Pérez Reviente.
Pocos poetas despiertan el entusiasmo en la primera lectura, Pérez Reviente no es la excepción, pero después de leerlo unas quinientas veces, se llega a la conclusión que su obra no está destinada a ser entendida, pero no es necesario. Ni siquiera aquellos que caminan en sus versos se dan por aludidos en el primer intento. No se habla aquí de la ironía, menos de una eventual parodia, se habla de la reinvención de la urbanidad, del diálogo con aquellos que la pueblan.
Hay en esto algún parangón con la poesía de Beto Cabal, pero son dos discursos distintos, quizá elaborados en forma paralela, no es que ambos hayan comido chuchitos donde Doña Meches, que hayan tenido celular en prepago, o que hayan sido asaltados en la calle; todo esto es signo de que ambos están envueltos en el caos de la ciudad, hay convergencia en el tópico, pero hay divergencia en la forma de poetizar, ninguna es mejor, son diferentes.
Pérez Reviente encuentra su propia voz en la soledad del desarraigo, en la inmensidad del DF. Es la mezcla de lo mexicano con lo chapín.
Tres temas son recurrente y a la vez fundantes de la poesía Perezrevientana: los chuchitos de Doña Meches, dar dinero prestado a los cuates y asumirse huevón. Nótese que en cada uno de estos elementos está presente el doble sentido, el tono adquirido del albur mexicano. Es importante señalar que el poeta se confiesa huevón, pero también aquí está presente el albur, quizá un poco del verso derbeziano.
Poemas comprometidos estos de Arturo Nuez Pérez Reviente, esperamos que su aparición no sea fugaz, no importa que sea espaciada, es más debe ser así, porque los buenos versos son como el vino (que metáfora más huevona). Lo cierto es que en manos de poetas como este, la poesía siempre estará viva (disculpas por los lugares comunes, pero la emoción no deja pensar). Reviéntese cuando quiera maestro Arturo.
Dr. Sabihondo Piláz
lunes, 7 de julio de 2008
Trans-Metro
Se subió al transmetro sin fijarse demasiado. Buscó un sitio y lo encontró justo donde el carro se dobla y se sentó viendo hacia adentro, le dio igual, estaba cansada.
Se acomodó de lado, se puso el suéter bajo la nuca para poder dormir un poco, nunca es suficiente el sueño, iba pensando en que hacer de almuerzo mañana, abrazando la lonchera, la que acariciaba como que fuera un cachorrito, se fue quedando dormida.
Un golpe la despertó, de pronto cayó en la cuenta que no estaba en el transmetro. La cara de un hombre negro la veía desde un poster, la lonchera se había tranformado en un niño pequeño que se acomodaba sobre su regazo. Las luces parpadeaban y la gente comenzaba un murmullo apagado, que fue creciendo hasta convertirse en exclamaciones.
De repente la luz se fue, la iluminación quedaba a cargo de las lámparas de emergencia, su luz, extrañamente blanca, se difundía por todo el recinto (fuck, merde, ya se jodió esta mierda).
Las voces en todos los idiomas, algunas reconocibles, otra ininteligible, parecía japonés o tal vez coreano, para ella todos los chinos eran iguales.
El asunto es que fue ella, la mujer asiática, la primera que se puso histérica, los demás la miraban extrañados, mientras se ponía de un color que no era identificable (blanca como el papel), (puta, que china mas babosa, she's nuts).
No gritaba, era más bien un llanto callado, y su compañero, que parecía ofendido, la miraba contrariado, como intentando esconderla; el gemido era constante, medido con metrónomo, paraba y volvía (fucking woman, is driving me crazy, vieja idiota).
Pero él se hartó y se puso de pié a gritarle, gesticulando mucho, como hacen todos los orientales enojados (dicen). Ella seguía llorando por lo bajo, cuando Luis se despertó y preguntó mamá, ¿qué pasa? Y ella no sabía que decirle, porque a duras penas comenzaba a recordar que había venido a este país a mejorar. Y también comenzaba a entender que ese niñito era suyo.
El tiempo pasaba y no se movían, la mujer seguía gimiendo y su compañero, parado al lado, parecía ofuscado, avergonzado, pero aparentando una dignidad afectada. Ella miraba por la ventana la grotesca oscuridad del túnel, no eran fantasmas, pero algo se movía entre los rieles y el metro no se movía ni un milímetro.
Un sonido que no había notado antes, el sistema de música de ascensor, ahora daba la noticia: un apagón, lo arreglarán, esperar.
Luis parecía tranquilo, ella se contentaba con acariciarle el pelo, no quedaba más que esperar.
Los hombres estaban nerviosos, uno sacó un cigarro y rápidamente fue confrontado por otro, que no quería que lo encendiera, las únicas tres mujeres en el vagón se miraban con miedo, pero eran dos ancianas y ella, además de la asiática, que seguía gimiendo cada vez más fuerte.
Why you can't control your stupid wife? el hombre se paró frente al coreano, mientras lo desafiaba con la mirada, por respuesta el hombre sacudió los hombros de su mujer, que se calló por un momento, para luego comenzar a gritar más fuerte.
Poco a poco, todos los hombres se juntaron al lado del coreano, las miradas traslucían esa ira que los demás sentían, ira por el encierro, del que comenzaban a culpar a la mujer, que seguía gimiendo.
Uno tras otro retaban al hombre, con palabras amenazantes, con insultos, con alusiones en doble sentido. Sus puños y sus rostros se acercaban a pocos centímetros, el hombre lucía impávido, pero los nudillos blancos revelaban una furia que seguía creciendo.
Uno de los hombres sacó, entonces, un enorme cuchillo, los demás retrocedieron, pero antes que nadie hiciera algo tomó el cuchillo y lo acercó al cuello de la mujer que lloraba.
Ella intentó cubrir los ojos de Luis y cerró los suyos con fuerza, presintiendo lo que venía, y luego una sacudida y otro estruendo la trajeron a la realidad. Los gritos y las voces, ella sintió que soltaba la lonchera, que cayó al suelo, y se asustó al ver los ojos abiertos de la mujer asiática, partida de un tajo por el metal del transmetro que se enroscaba para adentro. Veía la mueca de incredulidad del chofer del tráiler que había chocado de lado al enorme bus y ella, viva, a pocos centímetros de ser aplastada, tuvo la seguridad que en ese momento buscaría cómo pagarle al coyote.
Jorge Arenas
Se acomodó de lado, se puso el suéter bajo la nuca para poder dormir un poco, nunca es suficiente el sueño, iba pensando en que hacer de almuerzo mañana, abrazando la lonchera, la que acariciaba como que fuera un cachorrito, se fue quedando dormida.
Un golpe la despertó, de pronto cayó en la cuenta que no estaba en el transmetro. La cara de un hombre negro la veía desde un poster, la lonchera se había tranformado en un niño pequeño que se acomodaba sobre su regazo. Las luces parpadeaban y la gente comenzaba un murmullo apagado, que fue creciendo hasta convertirse en exclamaciones.
De repente la luz se fue, la iluminación quedaba a cargo de las lámparas de emergencia, su luz, extrañamente blanca, se difundía por todo el recinto (fuck, merde, ya se jodió esta mierda).
Las voces en todos los idiomas, algunas reconocibles, otra ininteligible, parecía japonés o tal vez coreano, para ella todos los chinos eran iguales.
El asunto es que fue ella, la mujer asiática, la primera que se puso histérica, los demás la miraban extrañados, mientras se ponía de un color que no era identificable (blanca como el papel), (puta, que china mas babosa, she's nuts).
No gritaba, era más bien un llanto callado, y su compañero, que parecía ofendido, la miraba contrariado, como intentando esconderla; el gemido era constante, medido con metrónomo, paraba y volvía (fucking woman, is driving me crazy, vieja idiota).
Pero él se hartó y se puso de pié a gritarle, gesticulando mucho, como hacen todos los orientales enojados (dicen). Ella seguía llorando por lo bajo, cuando Luis se despertó y preguntó mamá, ¿qué pasa? Y ella no sabía que decirle, porque a duras penas comenzaba a recordar que había venido a este país a mejorar. Y también comenzaba a entender que ese niñito era suyo.
El tiempo pasaba y no se movían, la mujer seguía gimiendo y su compañero, parado al lado, parecía ofuscado, avergonzado, pero aparentando una dignidad afectada. Ella miraba por la ventana la grotesca oscuridad del túnel, no eran fantasmas, pero algo se movía entre los rieles y el metro no se movía ni un milímetro.
Un sonido que no había notado antes, el sistema de música de ascensor, ahora daba la noticia: un apagón, lo arreglarán, esperar.
Luis parecía tranquilo, ella se contentaba con acariciarle el pelo, no quedaba más que esperar.
Los hombres estaban nerviosos, uno sacó un cigarro y rápidamente fue confrontado por otro, que no quería que lo encendiera, las únicas tres mujeres en el vagón se miraban con miedo, pero eran dos ancianas y ella, además de la asiática, que seguía gimiendo cada vez más fuerte.
Why you can't control your stupid wife? el hombre se paró frente al coreano, mientras lo desafiaba con la mirada, por respuesta el hombre sacudió los hombros de su mujer, que se calló por un momento, para luego comenzar a gritar más fuerte.
Poco a poco, todos los hombres se juntaron al lado del coreano, las miradas traslucían esa ira que los demás sentían, ira por el encierro, del que comenzaban a culpar a la mujer, que seguía gimiendo.
Uno tras otro retaban al hombre, con palabras amenazantes, con insultos, con alusiones en doble sentido. Sus puños y sus rostros se acercaban a pocos centímetros, el hombre lucía impávido, pero los nudillos blancos revelaban una furia que seguía creciendo.
Uno de los hombres sacó, entonces, un enorme cuchillo, los demás retrocedieron, pero antes que nadie hiciera algo tomó el cuchillo y lo acercó al cuello de la mujer que lloraba.
Ella intentó cubrir los ojos de Luis y cerró los suyos con fuerza, presintiendo lo que venía, y luego una sacudida y otro estruendo la trajeron a la realidad. Los gritos y las voces, ella sintió que soltaba la lonchera, que cayó al suelo, y se asustó al ver los ojos abiertos de la mujer asiática, partida de un tajo por el metal del transmetro que se enroscaba para adentro. Veía la mueca de incredulidad del chofer del tráiler que había chocado de lado al enorme bus y ella, viva, a pocos centímetros de ser aplastada, tuvo la seguridad que en ese momento buscaría cómo pagarle al coyote.
Jorge Arenas
viernes, 4 de julio de 2008
Nueva entrada en mi blog personal
En mi blog personal les cuento una anécdota, no, no, no, es una historia (no vaya a ser que me cobren derechos de autor), que sucedió hace algunos años.
Los espero pues.
http://johanbush.blogspot.com/
Los espero pues.
http://johanbush.blogspot.com/
jueves, 3 de julio de 2008
Entrevista pajera con Johan Bush Walls —III Parte— y final
“...se debe tener la capacidad de crear cuentos sobre aquellos que se jactan de cosas que realmente no han sido, no son o no serán posibles.”
III y última parte entrevista exclusiva a Johan Bush Walls.
Cuatro horas habían transcurrido desde que iniciamos la conversación. A estas alturas el maestro Bush Walls, como le dicen sus vecinos de la oficina, había cancelado varias citas.
La vista desde la ventana era magnifica; se veían pasar autobuses y autos particulares.
—¿Sabe?— me dijo —Allá afuera pasan miles de personas, posibles escritores, y mi trabajo es atraparlos.
¿Ve a los escritores como una presa?
Ellos quieren verse así. Desean ser perseguidos y acosados. Desean que los señalen en los supermercados, y que les pidan sus autógrafos en cada esquina. Algo realmente noble, teniendo en cuenta que cada quien busca lo que necesita.
Según usted ¿Qué necesita el escritor que asiste a sus talleres?
Que se le diga que todo lo que escribe está bien. Desea tener un grupo donde todo lo que haga, por muy idiota que sea, le llamen literatura.
¿Está diciéndoles idiotas a sus talleristas?
No, para nada, estoy diciendo que ellos están marcando la literatura de su país. Que están dejando huella. Ya vio que algunos hasta los empiezan a llamar la generación pajera, quizá lleguen a ser tan famosos como los poetas malditos de Francia o los posmodernistas.
¿Esa es una forma muy sutil de convertir el agua en vino?
Pues de alguna manera todos somos vendedores de sueños. Y en esto de la literatura se debe ficcionar la realidad, las mentiras de la realidad, se debe tener la capacidad de crear cuentos sobre aquellos que se jactan de cosas que realmente no han sido, no son o no serán posibles.
¿Entonces cree que sus talleristas nunca serán literatos?
Si ellos se creen gavilanes, pues serán gavilanes. Si ellos se creen literatos, quién soy yo para desmentirlos. Mucho tengo con revisarles las tareas. Para que ahora sea papá de ellos.
¿Cómo ve el futuro de la literatura local?
No soy adivino, pero creo que se están haciendo muy cosas interesantes, principalmente con las nuevas voces que van surgiendo, ellos están oxigenando el ambiente literario contemporáneo. Una nueva generación de escritores que quieren decir las cosas, pretenden ser escuchados. Entonces no es de sorprenderse que en los próximos años esas nuevas voces sienten precedentes, y que su literatura llegué más allá de lo que llegó Asturias o Monterroso.
Por su leve sonrisa imagino que me está dando paja ¿o me equivoco?
Es bastante intuitivo, por lo que veo, de cualquier forma nunca olvide que soy escritor pajero.
¿Tal vez aprendí algo de usted?
No lo creo, usted nunca ha llegado a un taller mío. Aunque no le caería mal un taller de cuentos pajeros o entrevistas pajeras.
Pepe Luis Cardamomo
III y última parte entrevista exclusiva a Johan Bush Walls.
Cuatro horas habían transcurrido desde que iniciamos la conversación. A estas alturas el maestro Bush Walls, como le dicen sus vecinos de la oficina, había cancelado varias citas.
La vista desde la ventana era magnifica; se veían pasar autobuses y autos particulares.
—¿Sabe?— me dijo —Allá afuera pasan miles de personas, posibles escritores, y mi trabajo es atraparlos.
¿Ve a los escritores como una presa?
Ellos quieren verse así. Desean ser perseguidos y acosados. Desean que los señalen en los supermercados, y que les pidan sus autógrafos en cada esquina. Algo realmente noble, teniendo en cuenta que cada quien busca lo que necesita.
Según usted ¿Qué necesita el escritor que asiste a sus talleres?
Que se le diga que todo lo que escribe está bien. Desea tener un grupo donde todo lo que haga, por muy idiota que sea, le llamen literatura.
¿Está diciéndoles idiotas a sus talleristas?
No, para nada, estoy diciendo que ellos están marcando la literatura de su país. Que están dejando huella. Ya vio que algunos hasta los empiezan a llamar la generación pajera, quizá lleguen a ser tan famosos como los poetas malditos de Francia o los posmodernistas.
¿Esa es una forma muy sutil de convertir el agua en vino?
Pues de alguna manera todos somos vendedores de sueños. Y en esto de la literatura se debe ficcionar la realidad, las mentiras de la realidad, se debe tener la capacidad de crear cuentos sobre aquellos que se jactan de cosas que realmente no han sido, no son o no serán posibles.
¿Entonces cree que sus talleristas nunca serán literatos?
Si ellos se creen gavilanes, pues serán gavilanes. Si ellos se creen literatos, quién soy yo para desmentirlos. Mucho tengo con revisarles las tareas. Para que ahora sea papá de ellos.
¿Cómo ve el futuro de la literatura local?
No soy adivino, pero creo que se están haciendo muy cosas interesantes, principalmente con las nuevas voces que van surgiendo, ellos están oxigenando el ambiente literario contemporáneo. Una nueva generación de escritores que quieren decir las cosas, pretenden ser escuchados. Entonces no es de sorprenderse que en los próximos años esas nuevas voces sienten precedentes, y que su literatura llegué más allá de lo que llegó Asturias o Monterroso.
Por su leve sonrisa imagino que me está dando paja ¿o me equivoco?
Es bastante intuitivo, por lo que veo, de cualquier forma nunca olvide que soy escritor pajero.
¿Tal vez aprendí algo de usted?
No lo creo, usted nunca ha llegado a un taller mío. Aunque no le caería mal un taller de cuentos pajeros o entrevistas pajeras.
Pepe Luis Cardamomo
martes, 1 de julio de 2008
Dream team
Yo le dije que no valía la pena, igual, la gente siempre tira para el norte, y ahí se quedan, bien jodidos pero buscándose la vida que no hay manera de tener aquí.
Pero él insistía, y tal vez tenía razón, se quiere mejorar, o sea pasar de mal comer un par de platos de frijoles a tener los tres tiempos.
La cosa es que pasamos meses practicando, y ni a huevos nos salía, yo hablaba tan despacio y aunque intentara bailar, se me atoraban las patas en las de la Lucrecia.
Ahora que en el campo éramos otros, y es que el Luciano gambeteaba como nadie, parecía brasileño el condenado, probamos suerte unas diez veces en equipos y nadie nos veía, el Luciano era más alto, un metro setenta y cinco, en el pueblo parecía gigante, yo soy pequeñito así que para que les cuento.
Total que nos aventamos, la eliminatoria iba a ser en Guatemala y nos fuimos a meter al proyecto gol a trabajar de jardineros.
Nos tocaba cuidar que la gramilla estuviera lista para los seleccionados, y sabíamos que también llegarían los visitantes.
El primer día hicimos contacto con dos gringos, luego aparecieron los cubanos: querían ron. Ni me pregunten como metimos el ron de contrabando, a la una de la mañana los jugadores parecían niños, echándose los tragos a escondidas. Y el Luciano hasta les dio hierba y todo.
Se hizo amigo de un chavo que tenía su misma edad, su misma estatura y su color, increíble pero era el único que parecía algo indito entre ellos.
Pero para que se las hago larga, ayer vi a Luciano gambetear en televisión, en un juego de la eliminatoria de Concacaf y luego no sería raro que se lo llevara otro equipo, total, los jugadores cubanos desertan todos los días y todos los gringos los quieren.
Diego Iespien
Pero él insistía, y tal vez tenía razón, se quiere mejorar, o sea pasar de mal comer un par de platos de frijoles a tener los tres tiempos.
La cosa es que pasamos meses practicando, y ni a huevos nos salía, yo hablaba tan despacio y aunque intentara bailar, se me atoraban las patas en las de la Lucrecia.
Ahora que en el campo éramos otros, y es que el Luciano gambeteaba como nadie, parecía brasileño el condenado, probamos suerte unas diez veces en equipos y nadie nos veía, el Luciano era más alto, un metro setenta y cinco, en el pueblo parecía gigante, yo soy pequeñito así que para que les cuento.
Total que nos aventamos, la eliminatoria iba a ser en Guatemala y nos fuimos a meter al proyecto gol a trabajar de jardineros.
Nos tocaba cuidar que la gramilla estuviera lista para los seleccionados, y sabíamos que también llegarían los visitantes.
El primer día hicimos contacto con dos gringos, luego aparecieron los cubanos: querían ron. Ni me pregunten como metimos el ron de contrabando, a la una de la mañana los jugadores parecían niños, echándose los tragos a escondidas. Y el Luciano hasta les dio hierba y todo.
Se hizo amigo de un chavo que tenía su misma edad, su misma estatura y su color, increíble pero era el único que parecía algo indito entre ellos.
Pero para que se las hago larga, ayer vi a Luciano gambetear en televisión, en un juego de la eliminatoria de Concacaf y luego no sería raro que se lo llevara otro equipo, total, los jugadores cubanos desertan todos los días y todos los gringos los quieren.
Diego Iespien
viernes, 27 de junio de 2008
Semana de la poesía pajera y nueva entrada en mi blog personal
Finaliza aquí la semana de la poesía pajera.
Por otro lado, los invito a leer una nueva entrada en mi blog personal.
http://johanbush.blogspot.com/
Salu pue
Por otro lado, los invito a leer una nueva entrada en mi blog personal.
http://johanbush.blogspot.com/
Salu pue
Dos poemas a los que no me dio hueva ponerles título
El cholo no es el que mira usted
En la portada del nuestro diario,
ni su primo de prepa
o poniéndole un cuete en la espalda.
Tampoco el Adán
que va con Cash Luna
a hablar una lengua muy otra
y le toca las nalgas a las hermanas.
No, el cholo está en su barrio
y a veces se la saca, le gusta, acéptelo
aunque lo hagan a oscuras
escondidito de su mamá
y hasta haga malabares con fuego,
lo tiene dilatado, acéptelo.
No, manito, no es otro,
mejor págueme mis 50 pesos.
Doña Meches quiere escribir un verso
Sabe que no es pertinente.
Suena el celular/ le habla el Johan Bush.
–Véngase a mis talleres
y podrá escribir un verso, como lo indica el título
–¿Cuál título?
–El título de este poema
–Ah, si pues
–Usted tiene un talento escondido
y no sabe qué hacer con él/
escriba sus versos
aunque su talento sea
cuidar de un café internet.
(Si no tiene usted éxito literario después de alabar este poema
le devolvemos su dinero)
Arturo Nuez Pérez Reviente
(Ganador de una mención especial en los I juegos florales pajeros).
En la portada del nuestro diario,
ni su primo de prepa
o poniéndole un cuete en la espalda.
Tampoco el Adán
que va con Cash Luna
a hablar una lengua muy otra
y le toca las nalgas a las hermanas.
No, el cholo está en su barrio
y a veces se la saca, le gusta, acéptelo
aunque lo hagan a oscuras
escondidito de su mamá
y hasta haga malabares con fuego,
lo tiene dilatado, acéptelo.
No, manito, no es otro,
mejor págueme mis 50 pesos.
Doña Meches quiere escribir un verso
Sabe que no es pertinente.
Suena el celular/ le habla el Johan Bush.
–Véngase a mis talleres
y podrá escribir un verso, como lo indica el título
–¿Cuál título?
–El título de este poema
–Ah, si pues
–Usted tiene un talento escondido
y no sabe qué hacer con él/
escriba sus versos
aunque su talento sea
cuidar de un café internet.
(Si no tiene usted éxito literario después de alabar este poema
le devolvemos su dinero)
Arturo Nuez Pérez Reviente
(Ganador de una mención especial en los I juegos florales pajeros).
jueves, 26 de junio de 2008
El guardián del chorro público –Poemario pajero– II
I
De las afueras a la ciudad
tres horas
mejor no trabajo
que los niños no estudien
voy a volverme marero
heredaré las ciudades dormitorio
II
Dicen que en las ciudades dormitorio
la gente no duerme
todos vigilan
III
Caminar en la ciudad
ejercitar los sentidos
cruzar las calles corriendo
estar alerta en el bus
aumentar el alcance del oído
de la vista
desarrollar las funciones motoras
todo es saludable
claro
si uno sobrevive
Beto Cabal
De las afueras a la ciudad
tres horas
mejor no trabajo
que los niños no estudien
voy a volverme marero
heredaré las ciudades dormitorio
II
Dicen que en las ciudades dormitorio
la gente no duerme
todos vigilan
III
Caminar en la ciudad
ejercitar los sentidos
cruzar las calles corriendo
estar alerta en el bus
aumentar el alcance del oído
de la vista
desarrollar las funciones motoras
todo es saludable
claro
si uno sobrevive
Beto Cabal
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