viernes, 19 de junio de 2009

martes, 16 de junio de 2009

Salmos pajeros IV

XI
El rey se alegra en tu poder

es lógico

él lo tiene todo

aun en tiempo de crisis

confía en ti

Ni siquiera necesita un reino

ni hornos de fuego

menos que destruyas la tierra por causa de sus enemigos

Así lo ha dicho

con el arma en la mano

sólo te pide que no los pongas en fuga

déjalos a su alcance

Entonces cantará y alabará tu poderío

XII
No me puedo quejar

por eso no pregunto ¿por qué me has desamparado?

nunca he estado en la boca del león

ni he sido amenazado por cuernos de búfalo

pero no pidas que te lo agradezca

ya sé que te atribuyes logros ajenos

lo mío ha sido que nunca trabajé en un circo —o en un zoológico—

reconozco que comerán los humildes

los que tengan paciencia

y aguanten la fila del comedor solidario

Pero eres justo —tú que infundes aliento al pito del árbitro de fútbol—

por eso te alaban los poderosos

ellos arrebatan y luego te agradecen

XIII
Nada me faltará

mientras haya trabajo y gane el sustento

Descansaré en lugares delicados

si el límite de la tarjeta de crédito lo permite

Reposaré junto al agua

así lo he decidido porque no puedo nadar

Confortará mi alma

quiero pensar que tengo una

No andaré por valles de muerte

debo evitar los cementerios

Aderezas mesa delante de mí

más te vale

de lo contrario olvidate de la propina

Y en mi casa moraré por largos años

mientras pueda pagar la hipoteca

Jonas Ungido

jueves, 11 de junio de 2009

De la serie el escritor se pone fantástico -2-

Aquella mañana frente a los albañiles que construían casas de caña brava y lodo, en ese pueblecito olvidado de Dios (en donde nací), ya saben que él es muy olvidadizo, por eso quizá hay tanta hambre y mortandad en la tierra, yo creo en él, aunque me da la impresión que no tiene tanto tiempo como todo mundo supone, porque es evidente que hay cosas que se le escapan de control, prueba de ello son las mujeres vírgenes que ascienden al cielo, está claro que lo hacen sin su consentimiento.

Ese día supe que sus ancestros, los de los albañiles, no los suyos estimado lector, habían construido una ciudad que nadie recuerda, yo tampoco la recuerdo, pero su nombre siempre me sonó como a serpiente, algo así como anaconda, pero en masculino.

No fue un cuento de mi abuelo, ni la tradición oral, yo lo inventé todo, partiendo, primero de los albañiles y segundo de mi haraganería.

Verán, yo siempre quise ser escritor, desde pequeñito, aun cuando no sabía leer ni escribir; ya saben que a uno le da por rayar paredes y esas cosas. El asunto es que cuando me enteré que para escribir una novela era necesario hacer investigaciones profundas; incluso algunos escritores se enorgullecían de haber trabajado hasta diez años en una, entonces dije: eso no va conmigo, mejor invento cosas, así fue como nació el realismo mágico; así y después de leer algunos textos de Miguel Ángel, pero yo no le plagié nada, él decía eso porque a mi no me gustaba su poesía.

El título fue lo más sencillo, resulta que por aquellos días mi abuela Soledad cumplió cien años, yo quería escribirle algo como homenaje, aunque mi haraganería pudo más; después de pensarlo un poco empecé; por suerte encontré una vieja máquina, la que luego se convertiría en mi fiel compañera de vida, hasta llegué a rescatarla de un incendio; la cosa es que no pude redactar una sola línea para mi abuela, a cambio me salió la novelita que todos conocen.

Terminó aquí, también me agota esto de ponerme fantástico, aunque creo que debería ser fantasioso, que sé yo.

Gadiel Gatío Martes

jueves, 4 de junio de 2009

De la serie diálogos incongruentes VIII

—Mire usté, ¿ya vio que no pasó nada con el video?

—Si usté, y eso que todo mundo lo vio.

—¿Será una conspiración usté?

—Pues hay mucha tela que cortar usté.

—Ya va usté metiendo su rollo, como es sastre.

—Un desastre es todo esto usté.

—No hombre usté, ya todo se va calmando.

—De plano fue porque la gente se puso a protestar usté.

—Mire usté, pero dicen que a esa gente la pagan.

—A unos dicen que si les pagan usté, pero los otros no lo hacen por el pisto.

—Así está la cosa usté, dicen que ahora es cool protestar.

—Pero se junta bastante gente usté.

—Ni modo que no, si muchos hasta llevan sus guardaespaldas usté.

—Pero mire usté, la posición oficial es otra.

—Ya va usté con su rollo vulgar, como tan malpensado que es.

—Malpensadote baa usté, pero ni crea, ya ni se puede tener pensamientos propios.

—Por lo del tuiti ese que metieron preso dice usté.

—No usté, lo digo porque a mí ya no me da la shola.

—Pero mire pues, ¿usté piensa que van a atrapar a los responsables?

—Pues si no lo hacen serán unos irresponsables usté.

—Yo ya perdí la esperanza usté.

—No hombre, no es para tanto usté, la esperanza es lo último que muere.

—Eso decía todo mundo y ve usté que se murió antes que la mamá.

—Ah, pero eso es otro rollo usté.

—Pero sirve de ejemplo usté.

—Ni modo que no usté, a ver con que nos salen ahora.

—Se necesita algo nuevo usté, ya vio que el video ya pasó de moda.

—Los suicidios, mire usté que tantos que se han tirado del puente.

—Quizá también eso sea una conspiración usté, ya no se puede, se lo digo.

—Yo aquí me bajo usté, a’i nos vemos pues.

Mario Ustepiñan

martes, 2 de junio de 2009

La novela del martes -Capítulo 7- Final de temporada

Previoulsy

El sábado siguió avanzando, muchas cosas sucedieron en la madrugada; Lucía María Gabriela fue en busca de su amado, pero su amado no estaba, había desaparecido y sólo dejó una nota. El Barsa ganó la champions y Benedetti alcanzó la inmortalidad, por su poesía, no porque el Barsa haya ganado.

– CAPÍTULO 7 –

Julio Jorge José estaba escondido, metido en un tonel, ahí lo encontró Luis Pedro Javier, quien antes de darle la ropa quiso ver hacia adentro; emocionado le dio la maleta, su amigo la recibió y se vistió de inmediato.

—¿Y cómo hiciste para llamarme?

—En el forcejeo, cuando me asaltaron, el teléfono salió volando, después lo pude encontrar.

Mientras lo miraba vestirse alimentaba su fantasía, quiso decir algo pero no tuvo valor. No es momento para confesiones pensó.

En su casa la discusión empezaba a tomar calor, peleaban por saber que decía la nota; Doña Consuelo Esperanza Trinidad aclaró la garganta y se dispuso a leer, pero no pudo, el papel le fue arrebatado de la mano por Lucía María Gabriela, quien no podía creer que su amado se hubiera marchado así por así, no lo concebía, aunque ella pensaba que si había concebido.

Los amigos caminaban despreocupados, riéndose de lo sucedido, Julio Jorge José hizo toda la historia y cuando el tema se agotó dijo:

—Vos cerote ¿y entonces, te vas a casar?

—Mmm

—Esa chava no te merece vos, así como cuate te lo digo, es una interesada, igual que la mamá; además es bien fea, yo no sé cómo fue que le hiciste caso.

—Uhum

Lucía María Gabriela desarrugó el papel, iba a leerlo cuando su padre salió corriendo, no pudo esquivarlo y ambos perdieron el equilibrio, la hoja voló. El padre se levantó como si nada y siguió corriendo; ella vio que el papel se iba dentro de la boca de una alcantarilla, por lo que se lanzó por los aires y, emulando al mejor portero del mundo, hizo una atajada de antología, consiguiendo atrapar la hoja. Se levanto de inmediato, sin sobarse las magulladuras, conservando la pose de dama y volvió a su intento de leer.

—Ahora si voy a saber qué pasó, no puede seguirme escondiendo a Luis Pedro Javier, seré su esposa cueste lo que cueste.

—Aquí no hay embarazo que valga, vos no te casarás con mi hijo, hay razones que van mucho más allá, pero no te las voy a decir; no importa lo que diga ese papel, por eso ni lo quise leer.

Doña Úrsula Clotilde Mesalina vio llegar a su marido y de inmediato salió a encontrarlo.

—¿En dónde estuviste toda la noche? Chulo estás, ya se te volvió costumbre eso de faltar los viernes a dormir.

—Mirá vieja, ya me cansé de este jueguito, de llevar esta doble vida, ya me cansé de vos, así es que me voy, sólo vine por mis cosas personales, lo demás es todo tuyo, me espera la mujer que he amado siempre... Ah, y esa tu hija no se casará con ese patojo, no lo voy a permitir, hay razones que van mucho más allá; pero no te las voy a decir.

Luis Pedro Javier y Julio Jorge José llegaron a la casa del primero, se percataron que las dos mujeres discutían, el segundo apresuró el paso y se puso atrás de Lucía María Gabriela, entonces en un ademán sigiloso le arrebató el papel de las manos y se lo dio a su amigo.

—Mirá mano, esa loca tenía este papel. Vos yo te iba a decir esto al rato, pero veo que no se va a poder, pero fijate que he estado gastando mucho pisto y debo en tres tarjetas de crédito, ¿no me podés hacer un préstamo?

—Tagüeno, yo te ayudo, sólo dejame resolver este rollo.

Se acercó a las dos mujeres, se interpuso entre ellas, les lanzó una mirada penetrante, con voz grave y autoritaria dijo:

—No importa lo que haya pasado, ni lo que pase, ni lo que vayan a decir, lo he pensado bien, soy gay.

Se hizo un silencio absoluto, a continuación todos escucharon una música estridente, como en una película de Alfred Hitchcock, y así era, el celular que sonó tenía de ringtone el tema de Psicosis.

¿Cuáles serán las razones que van mucho más allá? ¿Qué decía el papel? ¿Qué sucederá con el embarazo de Lucía María Gabriela? ¿Logrará Florentino Pérez armar de nuevo un equipo galáctico? ¿Qué pensarán todos de lo revelado por Luis Pedro Javier? ¿Será cierto o será una conspiración para desestabilizar al gobierno? Descúbralo en la 2ª temporada de su novela del martes que, a todo esto, no se sabe cuando dará inicio.

Corina Tallada

martes, 26 de mayo de 2009

La novela del martes -Capítulo 6-

Previously

La primera hora y media del sábado transcurrió de forma normal, la oscuridad siempre ha dado pretexto para hurgar en lugares que no se alcanzan a plena luz del día. Luis Pedro Javier estaba adolorido, pero sabía que le esperaba la hora de la verdad. Los demás buscaban encontrar el placer de un orgasmo, que en el caso del extraño del carro en las afueras del motel de la Roosevelt era un rogasmo. Algunas preguntas flotaban en el ambiente.

– CAPÍTULO 6 –

Julia Eulalia Pancracia consiguió quedarse dormida, no tuvo un sueño húmedo, tampoco tenía un juguetito con el cual pasar el rato, ella simplemente se durmió. Luis Pedro Javier, finalmente, logró conciliar el sueño, después del orgasmo de doña Consuelo Esperanza Trinidad, hasta entonces el silencio fue absoluto; él soñó que era un príncipe que tenía un tesoro escondido, a quien una ogra lo estaba persiguiendo, en algún momento sintió su mordida, pero luego se dio cuenta que se había prensado la mano entre la cabecera de la cama y la pared. Julio Jorge José no supo más, no tuvo ningún sueño, pero al despertar quería pensar que todo era una pesadilla; estaba sentado en la banqueta, sin ropa y con moretes en el cuerpo. A la pareja del motel se le escuchó decir: Padre, lo hace usté divino. Alberto, puedes decirme Alberto hija mía. Ya que estamos presentándonos, entonces yo soy Rosa Claudia Susana, pero me dicen Chuchis. Angelina y Brad no pararon, pero fue inútil, así le dijo ella a él, eres un inútil; porque no pudo embarazarla. Los vecinos de Luis Pedro Javier discutieron toda la noche, al final solo se escuchó un leve ¡uh!. Doña Úrsula Clotilde Mesalina amaneció en vela.

Todo sucedió entre la 1:30 y las 07:00 horas, pero el día estaba por empezar y nuestro héroe se preparaba a enfrentarlo.

Lucía María Gabriela desayunó liviano: cuatro huevos fritos, una maletita de frijoles volteados, plátanos cocidos, medio cuarterón de queso fresco, su moshito con pan de manteca, café y tres panqueques; tenía que alistarse para ir por su amado, aunque ya tenía en mente la iglesia en la que se iban a casar, ella quería llevarlo a conocer.

Luis Pedro Javier recibió una llamada, se bañó, se vistió, escribió una nota y salió a toda prisa, sin decir nada.

Los doscientos metros que la separaban de su casa y la del amor de su vida le parecían interminables, cuando por fin llegó tocó el timbre y la puerta fue abierta por Doña Consuelo Esperanza Trinidad.

—¿Qué querés?, no vas a entender nunca, ya te dije que dejés en paz a mi hijo.

—Mire señora, yo vengo a buscarlo porque voy a tener un hijo de él y nos vamos a casar, y ahorita vamos a ir a apartar la iglesia.

Los pensamientos se le agitaron, como un mar; por un lado sintió alivio al saber que su hijo no era gay, claro que ella no tenía nada en contra de los gays; también se vio cargando al nietecito; pero odiaba pensar que sus sueños serían cumplidos por la mujer que detestaba, la hija de quien se había quedado con el hombre de su vida. En ese momento algo la apremiaba, por eso accedió a llamar a Luis Pedro Javier; subió a su habitación, tocó un par de veces, al no recibir respuesta empujó la puerta y entró; descubrió la nota, fue terrible la impresión que se llevó, entonces bajó corriendo.

—¡No está, mi hijo se fue, vos tenés la culpa!

—¡¿Qué dice?! ¿de qué habla? No pudo haberse ido solo así, tiene que haber una explicación.

El hombre que dormía en la habitación de Doña Consuelo Esperanza Trinidad despertó al oír los gritos y se asomó.

—¿Qué está pasando?

—¡Puta papa! ¿y usté qué hace aquí?

Doña Consuelo Esperanza Trinidad explicó que no había encontrado a su hijo, que se había ido sin avisar y que sólo había dejado una nota.

¿Qué habrá sido de Luis Pedro Javier? ¿Qué habrá escrito en la nota? Si alguno se pregunta qué hacía el papá de Lucía María Gabriela con Doña Consuelo Esperanza Trinidad, la respuesta es obvia. ¿Ganará el Barsa la champions? ¿Habrá ido al cielo Benedetti? No se pierda el final de la primera temporada de su novela del martes.

Corina Tallada

jueves, 21 de mayo de 2009

Ángeles y demonios o ranas sagradas

Pensaba que encontrar un cuerpo con mensajes cifrados sólo pasaba una vez en la vida; creo que menosprecié a la vida, heme aquí frente a un cuerpo doblado de tal manera que simula la forma del número dos.

Al lado del cadáver había una muchacha delicadísima, su cuerpo se veía tan frágil que parecía un sueño; de nuevo la fortuna me sonreía, como ya era costumbre. He aprendido que las tiernas doncellas, cuyos padres y abuelos han sido asesinados por sectas demoníacas, que se creían extintas o perdidas, suelen ser emocionalmente frágiles y una vez resuelto el misterio quedan listas para un buen revolcón.

Al ver el cuerpo surgieron muchas dudas; podía decirse que se encontraba en posición de oración, con las rodillas dobladas, aunque la espalda se arqueaba de forma grotesca, demasiado; supuse que le habían quebrado las vértebras, yacía sobre un costado, tenía la cabeza metida hacia abajo; un dos perfecto, las nalgas tocaban los tobillos.

El detective asignado movía la cabeza, incrédulo: señor Tipo-largo, dijo, castellanizando mi hermoso apellido inglés, me parece que esto es un número más en la larga lista de fechorías que este grupo ha cometido. ¿Acaso el detective sabía quienes eran? Pintado en la pared se veía un enorme: Hechizatti, y una flecha que señalaba al cadáver. Una carta encontrada sobre el cuerpo decía: si ¿y qué?, fuimos los Hechizatti y volveremos.

La mujer sollozaba violentamente, mientras el detective repetía: "Como puede ver un grupo de fanáticos se hace responsable, no hay más que hacer aquí; señor Tipo-largo, no se necesitan sus servicios. Giré la cabeza para ver a la bella llorosa, al tiempo que dije: disculpe señor detective, pero creo que se equivoca, para mí el trabajito tiene la marca indeleble de la brutal mara salva-ranas; el paliacate dejado en la escena del crimen pregona que fueron ellos.

Me dispuse a explicarle al detective: La mara salva-ranas es una sociedad secreta, fundada en los albores de la civilización maya, sus vestigios pueden verse en cientos de formas antropomórficas de ranas dejadas en los altares, con el tiempo se extendieron a otras culturas, muchas de las mal llamadas cabezas olmecas son en realidad ranas.

El detective se acerco y me dijo: yo solo conozco a los salvatruchas usté. No tenía tiempo que perder, todo indicaba que la vida de la bellísima doncella corría peligro, el paliacate era símbolo usual de los salva-ranas, una mara peligrosa que sacrificaba doncellas a los dioses mayas en un cenote, cerca de Yucatán.

La doncella accedió a acompañarme en mi búsqueda de los salva-ranas. La primera parada, en la terminal de buses, me permitiría ver con mis propios ojos a los comedores de revolcado, extraños seres que ingerían una dieta compuesta de vísceras y rostros de cerdo, revolcados en una salsa condimentada. Estábamos tomando una cerveza, cuando en un abrir y cerrar de ojos la bella inocente fue raptada.

Sabía que estaba cerca de los salva-ranas, era cuestión de seguir el reguero de pistas que dejaron. Las investigaciones me llevaron al kilómetro uno; ahí mismo, en el suelo, encontré el símbolo que necesitaba para ubicar al criminal que habría de llevar a la doncella a Yucatán, no sin antes hacerla recorrer los sitios de peregrinaje que los salva-ranas habían destinado en la ciudad.

Al filo de la media noche me balanceaba, como Cuasimodo, en el techo del centro cultural, desde ahí pude ver el estanque del teatro, de inmediato alcance a ver que una rana sonreía en el fondo. Ese era un antiguo lugar al que los albañiles que aspiraban a ingresar a la mara salva-ranas llevaban doncellas, el estanque era la representación del cenote sagrado.

Ahí estaba ella, hermosa, iluminada por la luna, la arropé y entre sollozos me dijo: no me llevaron al cenote sagrado, aquí me dejaron abandonada, descubrieron que no era virgen.

Los salva-ranas habían desaparecido. Decidí que no me importaba la virginidad de la doncella, nos escondimos entre los pasillos del teatro; ella agradeció, con toda su humedad, que la hubiera rescatado.

Al día siguiente, al abrir el correo electrónico, un anuncio de Google llamó mi atención: salva a las ranas, salva al mundo, tú eres el próximo. Supuse que volvería a encontrármelos.

Danilo Brownie

martes, 19 de mayo de 2009

La novela del martes -Capítulo 5-

Previously

La intervención milagrosa de la hermanita de Lucía María Gabriela salvó a Luis Pedro Javier de pronunciar alguna palabra que lo comprometiera, eso le dio la oportunidad de escapar; su mente alcanzó a inventar una mentira que le permitió salir corriendo, dejando atrás la marca de su olor. Cuando salía detuvo la mirada en los ojos de una chica sencilla, ella vestía ropa de sirvienta y tenía una escoba en la mano, no había de otra, era la sirvienta.

– CAPÍTULO 5 –

Al llegar a su casa, Luis Pedro Javier corrió al baño, las ganas le estaban ganando; hizo lo que tenía que hacer, luego buscó alcohol en el botiquín, mojó un pedazo de papel higiénico y de esa forma limpió sus heridas. Al abandonar la casa de Lucía María Gabriela tropezó en una grada, se levantó de inmediato, adelante volvió a tropezar, lo hizo al menos cuatro veces más. Al estar frente al espejo vio que tenía raspones en la cara y en los brazos, también sentía dolor en las rodillas; pensó que Dios lo había castigado por haber dicho una mentira, el dolor en los pies hizo que viera hacia abajo, fue ahí cuando notó que tenía las agujetas desamarradas.

El sábado estaba por llegar, muchas cosas sucederían ese día (Todos los sucesos están ajustados a la hora local).

00:01 En casa de Lucía María Gabriela, en la habitación de servicio:
—Que hombre más shuco, se me quita el sueño cuando recuerdo como me vio, casi me desnuda con la vista.

00:01 En casa de Luis Pedro Javier, en su habitación:
—Ojalá que hagan efecto las pastillas, no aguanto el dolor, además no puedo quitarme de la mente los ojos de esa chava, pobrecita, yo creo que tiene conjuntivitis, fea la cerota.

00:15 En una cantina del centro histórico:
—Todostabien, pero no, no, no, no, ¿cóm utass vastar bien, miejor, hic, migo seacasarconesaproechada, no, no, no, no.

00:30 En las afueras de un motel de la Roosevelt:
—Va pues, ya no se resista, desde las siete de la noche que la estoy rogando, entremos, ¿qué le puedo hacer que no le hayan hecho antes?

00:45 En la casa de los vecinos de Luis Pedro Javier, en la habitación principal:
—Ay, ay, así, así, rico papi, dame más, más, ummm.

01:00 En una lujosa mansión, alejada de los paparazzis:
—Brad, quiero muchos hijos, pero ya no quiero adoptar más, deseo estar eternamente embarazada.

01:15 En casa de Luis Pedro Javier, en la habitación de Doña Consuelo Esperanza Trinidad:
—Príncipe, penétrame con toda tu realeza, soy tu duquesa, pero quiero ser tu princesa.

01:15 En casa de Luis Pedro Javier, en su habitación:
—Alaputa, esa mi mamá ya se está pajeando otra vez, con lo caliente que es, yo no sé por qué no se consigue un su traido.

01:30 En casa de Lucía María Gabriela, en la habitación de Doña Úrsula Clotilde Mesalina:
—Qué se habrá hecho ese hombre, ya agarró carretilla de no venir a dormir los viernes.

01:30 En las afueras de un motel de la Roosevelt
—Entremos pues, ya me convenció, además tengo ganas.

01:30 En la casa de los vecinos de Luis Pedro Javier, en la habitación principal:
—Ya apagá esa tele vos, siquiera que aprendieras algo, no que sólo te montás y ahí va el chorrito.

La noche transcurría a ritmo lento, cada quien en lo suyo.

¿Qué nos deparará el resto del día? ¿Alguno habrá logrado conciliar el sueño? ¿Alguien habrá tenido un orgasmo? ¿Cuál será el paradero del papá de Lucía María Gabriela? ¿Será el padre Alberto quien está en las afueras del motel de la Roosevelt? Descúbralo en los siguientes capítulos de su novela del martes.

Corina Tallada

lunes, 18 de mayo de 2009

Cadáver sobre el asfalto un viernes por la noche

Los ojos salieron de sus órbitas, las manos mutiladas quedaron a dos metros de distancia del cuerpo, de la cabeza mana un río de sangre, incontenible; si se aguza la mirada es posible ver que las uñas fueron desprendidas, esos pequeños chispazos blancos, alrededor de los dedos, son los pedazos, fueron colocados ahí a propósito; las incisiones en el pecho son limpias, como trazadas con bisturí; por el color de la cortada del vientre se adivina que fue hecha antes de separar las piernas, con poca prisa; de los pies no se puede decir mucho, el peso que los machacó dejó solo una masa sin forma.

Escuché con atención, abrí los ojos lo más que pude, quise utilizar los cinco sentidos, ojalá hubiera tenido seis, finalmente me dije: jamás entenderé el arte abstracto.

Chicho Palanuca

jueves, 14 de mayo de 2009

De la serie el escritor se pone fantástico -1-

Mi padre me decía: no creas en la verdad de la escritura, porque finalmente el escritor se enseña a sí mismo a mentir, mientras escribe su propia verdad, claro está.

Algo así como Pinocho, quien pudo ser un escritor innato, pero de palo y como muchos de nosotros, los escritores, Pinocho también huyó de casa para tener aventuras que hubiera podido contar, aunque finalmente quien disfrutó más de las aventuras fue Gepetto, quien en la película de Disney fue tragado por una ballena. Eso acaso pudo haber sido una distorsión del cuento original, pero finalmente es la visión del cineasta y es válida porque es fruto de otro mentiroso.

Volviendo a Pinocho, por no decir volviendo a la escritura, todo está en no creerse tanto el cuento de la verdad cierta del escritor, que no es para nada la verdad que más vende. Muchas veces también el escritor debe crear una mentira más real para vender más libros. De ahí que surja el testimonio como instrumento de la literatura para mentir, pero basándose en una historia real; mejor si eso coloca al escritor en posición de tener injerencia en la historia del país y que su lucha logre que podamos disfrutar de un mejor lugar para vivir.

Otro día recordaré más anécdotas que dieron lugar a otros libros míos, por hoy es todo, me agota esto de volverme fantástico.

Carlitos Colocho

martes, 12 de mayo de 2009

La novela del martes -Capítulo 4

Previously

Al grito de Doña Consuelo Esperanza Trinidad, Luis Pedro Javier bajó a desayunar; ella estaba terminando de ver las noticias de la farándula y se disponía a subir a tender la ropa; no sin antes recordarle a su hijo lo mucho que deseaba tener nietos; las palabras de su madre repicaban en sus oídos, pero en realidad era su celular; al ver que la llamada era de Lucía María Gabriela el mundo se le vino encima, pero en realidad era un bote de leche que le cayó en la cabeza.

– CAPÍTULO 4 –

Lucía María Gabriela volvió a llamar, no una vez, fueron unas cincuenta veces, llamó al celular, llamó a la casa, llamó al trabajo, llamó a los amigos; al ver que Luis Pedro Javier no respondía fue a buscarlo a su oficina, eran las 10:00 horas cuando llegó, él no la pudo atender, ella no tuvo inconveniente en esperarlo hasta que terminó la jornada, eran las 18:00 horas cuando finalmente salió; corrió hacia él y con la mayor de las ternuras lo abrazó, lo besó y se lo llevó a su casa, había preparado una cena para presentarle a sus padres.

—Así que este es el mentado Luis Pedro Javier

—Para servirle Doña...

—Ursula Clotilde Mesalina, así me llamo jovencito. Y ¿entonces?, la nena me estaba contando que usted la adora, que se quiere casar con ella, ¿para cuándo la boda?

El sudor empezó a correrle por la frente, como si fueran las cataratas del Niágara; debajo de las axilas se podía ver como el más feroz río de aguas negras se desbordaba, eran casi las siete y media de la noche y el desodorante había dejado de hacer efecto, hasta sentía los pies chapoteando dentro de sus zapatos; los labios le temblaban y no pudo hablar.

—Todavía no tenemos fecha mami, pero mañana vamos a ir a ver iglesias y anillos, ¿verdad mi vidita?

El olor inundaba toda la sala, Luis Pedro Javier no dejaba de sudar y seguía sin poder articular palabra; además, si decía algo sabía que lo lamentaría el resto de su vida. Una voz chillona interrumpió la conversación.

—Mamita, mamita, dicen en la tele que los Jonas Brothers van a tener un programa como el de Hannah Montana, que será muy divertido, vení, vení, te voy a enseñar.

Cinco segundos pasaron, entonces la criatura que emitía aquel sonido estridente se tiró al suelo, pataleó, mentó madres, lloró y gritó hasta quedarse sin aliento, por lo que Doña Ursula Clotilde Mesalina tuvo que acompañarla a ver la tele.

—No le hagas caso mi amor, es la Ursulita Clotildita Mesalinita, se llama igualito que mi mami, pero le decimos así para diferenciar.

Luis Pedro Javier suspiró profundo y sacando fuerzas de flaqueza, como ahogando un grito, dijo:

—¡Ijuelagranputa! Ahora que recuerdo, tenía que pasar a recoger a mi hermanito, mirá la hora que es ya, mi mami me va matar, me tengo que ir, me despedís de tu madrecita.

—Ay no mi amor, andate entonces, no me quiero quedar viuda antes de tiempo.

Aprovechó el momento y salió disparado, en el pasillo se cruzó con una chica sencilla, ella tenía una escoba en las manos y vestía ropa como la que usaba la servidumbre en las novelas mexicanas; la vio a los ojos por unos segundos, hasta que fue interrumpido por la voz de Lucía María Gabriela.

—Da permiso vos cerota, cuándo no la Julia Eulalia Pancracia, siempre metiéndose en lo que no le importa.

¿Le habrá gustado Luis Pedro Javier a Doña Ursula Clotilde Mesalina? ¿Saldrán a buscar los anillos y la iglesia? Para los que se preguntan si Luis Pedro Javier llegó a tiempo para recoger a su hermanito, se les recuerda que él es hijo único, o sea que mintió. ¿Se irá al infierno Luis Pedro Javier por haber mentido? ¿En dónde estaría el papá de Lucía María Gabriela? ¿Qué fue lo que vio Luis Pedro Javier en los ojos de Julia Eulalia Pancracia? Descúbralo en los próximos capítulos de su novela del martes.

Corina Tallada